| 20 Septiembre 2009
Hay que salir de lo “eclesiástico”, por que hay mucha “cera” dentro; el olor se hace irrespirable. Pero no, “salir por salir”. Se sale de lo eclesiástico, para volver al Reino, para respirar el sano aire del evangelio, para que las palabras de Jesús, sus enseñanzas, penetren en nuestros pulmones y se renueve el “aire” (el Espíritu). Hay que salir del frío templo de lo eclesiástico, para que el Espíritu de Dios caliente con su envolvedor arropamiento, y ahuyente el frío y el helor de lo religioso.
Hay un libro, grandemente interesante y que refleja de una manera ilustrativa y clara, lo que es la situación actual de lo “eclesiástico” que se viene tratando; insistiendo también en la necesidad de la presencia del Reino de Dios, de sus valores, de su esencia. De este libro entresaco un texto que merece ser tenido en cuenta. Dice: “Los valores del reino de Dios, que deben de ser evidentemente los valores de la iglesia, son eminentemente democráticos: libertad, justicia, concordia, solidaridad, etc. pero en la institución eclesiástica están estructuralmente bloqueados ya que ella predomina el dictado oficial y el pueblo no tiene ni voz ni voto.
Los de arriba enseñan y los de abajo tienen que aprender, los de arriba mandan y los de abajo tienen que obedecer. Todo queda al libre albedrío de los señores que se han adueñado de la iglesia, que teológicamente no son ellos, sino todo el pueblo de Dios. Todos somos iglesia, el pueblo entero somos la iglesia, y no unos pocos, una oligarquía aristocrática. Hay pues una contradicción flagrante entre el Reino de Dios y la iglesia, por más que ella diga que habla y actúa en su nombre” (“a vueltas con el cristianismo” p-48) El texto transcrito indica que va dirigido a la iglesia institución; en este caso se refiere a la iglesia papal vaticana. Pero igualmente tiene aplicación a toda clase de iglesia,-sea o no protestante- que se desenvuelve a manera de institución. Puede tener sus variantes, pero en el fondo es semejante. Que sus “clérigos” o clero no son curas, pero son “pastores”, “reverendos” y en algunos casos son tan iguales que, hasta la vestimenta para el oficio del culto tiene los mismos “entorchados”; y puestos a analogar, hasta persiguen los mismos intereses, sociales, políticos y económicos –religiosos la los tienen-.sus fines son coincidentes, buscan el abrazo con los poderes influyentes. Y es que lo eclesiástico es una rémora, un lastre para el Reino de Dios, que retrasa su aparición, lo que le es propiamente visible. Se necesita más Reino de Dios y menos iglesia –por mucho que algunos digan que ella es el reino de Dios, hoy- y es el tema más dejado, menos tratado y expuesto, e igual de arrinconado en los sermones dominicales.
En cambio, la eclesiología, es algo que suele estar al día, por que interesa crear conciencia iglesiastica con todos sus derivados, de cuanto interviene en su devenir religioso. Sin embargo Jesús, no tuvo otro mensaje; sus enseñanzas, su doctrina, sus consejos, sus actos, todo era señal del Reino de Dios que había llegado. Ahora bien, esta carencia y ausencia de el eje central del evangelio, que es el Reino de Dios, no es cosa de ahora; investigando un poco casi nos damos de frente con los mismos tiempos de los apóstoles. ¿Qué quiere decir esto, que ya desde sus orígenes, la cosa comenzó a ir por otros derroteros? Parte de este ensayo tiene que ver con este interrogante. No nos falta teología de ningún tipo –sistemática, dogmática, bíblica,- la abundancia de material existente en el que se trata de “explicar” o entender la Palabra de Dios, es impresionante. La biblia se ha estudiado desde todos los puntos, ángulos y facetas; filosofías y sistemas de pensamiento han arremetido contra ella; el pensamiento humano puede hacer mucho ruido, pero al final es relegado, y no por que la Biblia lo haya depuesto, sino por que otro sistema de pensamiento lo desplaza, en cambio, “la Palabra de Dios, no pasará –no caducará- sino que vive para siempre”. Y, ahí está, “más fresca que una lechuga”. Dígase lo que se quiera, pero esto es una gloria que solo la Biblia, en tanto como libro, puede ostentar. Y de su influencia en la formación y desarrollo de las culturas de los pueblos, cuenta con un haber positivo. Desde lo histórico, lo geográfico, lo legislativo; desde el arte, la literatura y todo campo intelectual, la Biblia a sido fuente, no ya solo de inspiración, sino de principios, de valores, de motivación, de investigación. Como libro, -visto en su conjunto- es único.
Como Palabra de Dios contenida en sus páginas, se eleva desde lo material,-la escritura, la impresión- hasta la encarnación de la Palabra, en ella vemos cómo el Verbo, el concepto, la idea, la expresión se hace carne y habita, convive en medio del género humano. Jamás sistema religioso alguno, ha dado un mensaje como ella al hablarnos “tocante al Verbo de vida” Es una Palabra que lleva y asume nuestra naturaleza humana, que se pone a nuestra altura, para experimentar y sentir la misma problemática de la existencia humana. Que conoce de la dureza de la vida, de las necesidades físicas, que sabe de lágrimas, de abandono, de deslealtades, de críticas, de las tragedias del pecado en los seres humanos, de las enfermedades, de los dolores, de los conflictos y oposición de la familia, de la traición de sus amigos…conoce todo el devenir existencial. Esta es la Palabra de Dios, la que toma carne y la ofrece en sacrificio. Desde su nacimiento se sitúo fuera de los ambientes políticos y religiosos; él sabe lo que es emigrar a otro país, y hasta su aparición en escena de la vida de sus conciudadanos, estuvo trabajando la madera en su ciudad. No era bien recibido en la comunidad religiosa de su día. Esta es pues la Palabra de Dios –tan diferente y desconocida, de la que se predica y presenta cada domingo en las iglesias- En Jesús, dios ha dicho todo lo que tenía que decir al hombre. Ya no le quedan más recursos; ya no tiene más alternativa.
Por ello en varias ocasiones se oyó la voz del cielo que decía “este es mi Hijo amado, el que me contenta” Y es a través de él que llegamos a saber que fue el arquitecto del universo, el principio –arqué- de la creación de Dios; la base, el fundamento de todo lo creado. Ya en su condición de hombre, es sujetado como cualquier humano, bajo la ley y las limitaciones de la existencia física, con la finalidad de de poner encima de la mesa, el precio, el importe por el que compra y adquiere este mundo habitado, el cosmos; creación material que recupera y a su criatura que rescata mediante el pago en efectivo de la entrega y derramamiento de la sangre, de la vida misma, de quien era toda su felicidad y su contentamiento: Jesús de Galilea. Y con haberle levantado de entre la muerte, lo ha erigido en dueño –que ya lo era por ser su autor y creador- pero que ahora lo ostenta bajo el derecho, derecho que exhibe y lo publica. Y en base a ese derecho le ha puesto por Señor y cabeza, no solo de los redimidos, de los que le aman y le siguen, sino de todo poder, de todo señorío, y de todo nombre que se nombra en el cielo y en la tierra. Es por lo tanto, el mensaje, la Palabra el verbo, la idea, la expresión más poderosa que libro alguno a llegado a contener en sus páginas.
Cualquier libro, o biblioteca, podrán contener libros impresos en los que se hallen millones y millones de palabras, verbos, sustantivos, conceptos, ideas, expresiones que se puedan encontrar y explicar en las academias de la lengua, pero la Biblia es el único libro que habla de que la Palabra, el Verbo se hizo carne, se hizo hombre. Y esto no se dice sin motivo alguno. Ya de por sí, la declaración es única. Pero esto responde al plan de Dios de que “hacerse hombre, era para asumir la condición de siervo” “por que le convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten y continúan, que, habiendo de llevar muchos hijos a la gloría, perfeccionase –llegar a ser un experimentado-por aflicciones y sufrimiento, al que ha ideado y es propiamente el autor de la salvación de ellos.” (Hebreos 2:10 ) “y habiendo sido perfeccionado -en el sentido de la aflicciones, el dolor, el sufrimiento, ha llegado a ser un consumado, un acabado, un maestro experimentado- para poder completar la autoría de una eterna salvación” (Hebreos 5:9 ) Y cuando se dice “perfeccionado por aflicciones” es por la necesidad de conocer a nivel de vivencia y en su propia carne, la realidad del sufrimiento humano, a fin de doctorarse bajo la experiencia personal vivida, para ser, no solamente el Señor, la autoridad, sino para ser el ayudador, el que conoce por experiencia viva los problemas, el que entiende de la experiencia humana y sus limitaciones.
No basta con ser el Salvador en el sentido de librar de las consecuencias muerte a sus redimidos, sino el Salvador en tanto que cada día salva, saca de apuros, libera, consuela, transmite esperanza, suministra fuerzas al abatido, extiende la mano al caído. Todo un perfecto doctor del alma y de las necesidades humanas. Pues, “le convenía conocer esto de primera mano, para entender, comprender y enviar el socorro y la ayuda oportuna necesaria, no solo para sus redimidos, sino para cuantos claman a él. En este sentido sigue diciendo el autor de Heb 4:14-16 . “tenemos razones para retener y permanecer en la fe de Jesús, por que no tenemos un sumo intercesor (sumo sacerdote, el que representa al pueblo ante Dios) que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino a uno que fue probado, experimentado en todo, según nuestra semejanza, pero sin fallar, sin sucumbir, sin caer, sin pecar.
Acerquémonos, pues con toda confianza al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia –la condescendencia y ayuda favorable- para el momento oportuno” Y si esta es la experiencia piloto, el modelo a seguir, se espera de sus discípulos, de sus seguidores que asuman de igual manera el modelo de mensaje que dio, no ya en su sentido teórico, de los postulados de Reino de Dios, sino en la realidad vivida, en la identificación con los necesitados, en las carencias y necesidades de los corazones atribulados. Y como Pablo diría en uno de sus escritos “Hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es vuestro culto lógico” (Rom 12:1 ) Este es un “culto” que por lo general, es poco recomendable, sin embargo es lo propiamente lógico para el discípulo. Una mirada con respecto a lo que se suele llamar “cultos” o reuniones a que se esta acostumbrado a la feligresía, nada tiene que ver con lo que esta diciendo estas palabra de Pablo. Lo que hasta ahora se conoce o se identifica con el “culto” esta muy alejado de lo que debiera ser.
Los que tienen la responsabilidad en el medio religioso de ser oficiantes del culto, es decir, los pastores, los misioneros los que habitualmente están dedicados a ello, ¿qué es lo que dan, qué es lo hacen? En muchas ocasiones asistir a escuchar la Palabra o mensaje de Dios se convierte en un fraude. Sucede lo que un día le ocurrió a Lutero cuando fue a Roma -en sus inquietudes- esperando encontrar la paz a su atormentado estado interior con respecto a la seguridad de salvación, que “llevando ajos, volvió con cebollas” Los cultos de domingo o entre semana están vacíos de contenido; temas insulsos, desconectados del contexto real de la vida. La exhibición del pastor o mensajero para deslumbrar con sus conocimientos teológicos, su oratoria –y en el caso de misioneros extranjeros- la mezcolanza de chistes y cierto humor o anécdotas personales en y durante el mensaje, suele ser como una estrategia para quedar bien. Si de tales momentos se hicieran estadísticas de la calidad del mensaje, se vería que suelen ser aburridas, infantiles y repetitivas en su contenido la mayoría de las veces. De ahí la necesidad de aliñarlas con humor. Al final lo que recuerdan los asistentes ha sido la parte graciosa, pero la Palabra que debía de haberles edificado y aportado algún nuevo descubrimiento acerca de su Señor, no se sabe dónde ha ido a parar.
La ausencia de un mensaje “hecho carne”, de predicadores –pastores- que instalan su tienda de campaña –su presencia personal- en lugares marginales, conflictivos, problemáticos, donde suele estar en peligro la integridad física, de eso no se tiene constancia. ¡Que cómodo es ser creyente hoy en el territorio y sistema del príncipe de este mundo! ¡La iglesia duerme, silencio, favor de no despertarla! Las congregaciones eclesiásticas de esta línea, tienen su equivalente en aquellos momentos en que los discípulos estaban en el llamado monte de la transfiguración de Jesús. Allí, los que subieron con Jesús se encontraron en un momento que después no olvidarían, así lo escribirían después: “y nosotros oímos esa voz cuando estábamos con El en el monte santo”. Al margen de la experiencia en si, la cosa en el monte fue que los discípulos se encontraban muy a gusto con ese ambiente celestial que les rodeaba. Se olvidaron de todo. Le dijeron a su maestro “Maestro, bueno es que nos quedemos aquí, y nos instalemos; y tú con nosotros”
Pero el escritor, añade: “no sabiendo lo que decían” (Lucas 9:33 ) Así que cuando descendieron del monte, al pié del mismo estaba la gente necesitada, con los problemas propios de cada día esperándoles, y discutiendo con el resto de los discípulos que no habían subido al monte; allí habían quedado, estaban impotentes, sin poder y sin saber dar una palabra de confianza, sin poder tranquilizarles. Era necesaria la presencia del Maestro. Es una situación que se refleja en nuestro tiempo. Iglesias que están cómodas y dormidas en el monte de sus cultos, de sus retiros, en sus congresos; mientras la realidad de las gentes, de sus propios vecinos, paisanos, connacionales, inmigrantes, andan con las desventuras y problemas de la existencia, del sobrevivir, buscando una solución. Una situación de contraste; tal como se da hoy; y como entonces, se hace necesaria, muy necesaria, la presencia del Maestro. Y como el mismo relato expresa, la presencia del Maestro cambia el ambiente. Así debe de ser la cosa en el día de hoy. La presencia de un solo discípulo, o de dos, o de un grupo, debe de ser suficiente, para que se manifieste un cambio a su alrededor. Y este no es el “cambio” que a veces se suele predicar por algunos predicadores o pastores noveleros.





