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Se decía más arriba que desde el capitulo ocho en adelante, hay un cambio de sentido en la narrativa de los acontecimientos en este libro de los Hechos. Hay un nuevo protagonista que domina el relato; se trata de un elemento nuevo que ha aparecido en el devenir de las comunidades de ese tiempo: es Saulo de Tarso. Es a partir de él, de su persona que hay un nuevo derrotero en el desarrollo y extensión del evangelio. Se arrincona la influencia en cuanto a noticia, de “los doce” y aquellas comunidades surgidas casi al mismo tiempo de la resurrección de Cristo, como una respuesta visible de la misma. Y no se trata de minimizar ni restar importancia a la labor de este hombre, que ha supuesto una aportación y unas directrices que tienen su importancia hasta el día de hoy. Una cosa no elimina a la otra.

Pero hay que reconocer que no todo ha sido muy beneficioso en el desarrollo de lo que en la actualidad es la iglesia. Sobre todo por el “rompimiento” la desconexión que a partir de este momento se produce en cuanto a las comunidades del principio, y con ello, de la forma en que estaban en contacto con las enseñanzas de los propios testigos directos, y los relatos que de ellos venían con respecto de la Persona de Jesús. ¿Qué ha ocurrido pues con los doce? ¿Por qué ese silencio con respecto al grupo preparado por Jesús? Por el mismo Pablo se sabe que él mismo, no veía con mucha simpatía, no ya a Pedro, sino al resto del grupo que al menos estaba en Jerusalén como personas de referencia, respeto y reputación en medio de las comunidades. Decía: “subí Jerusalén para ver a Pedro y permanecí con el, quince días, pero no vi. a ninguno de los otros apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor…y expuse en privado a los que tenían cierta reputación, el evangelio que predico entre los gentiles”(Gal 2:2 ) ¿Era por que había diferencia de región, preparación, social, cultural? ¿Por qué Pablo había llegado a deducciones teológicas -como rabí y fariseo de procedencia- que los otros apóstoles no llegaban a entender ni comprender? Posible. Pedro es el que dice que “El amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito casi en todas sus cartas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras escrituras…” (2ª Pd.3:15) Como se puede ver, en Pablo hay otra clase de personalidad. Pedro es mas humilde; Pablo denota altivez, carácter intransigente; llegó a permitir la separación por una alta y fuerte discrepancia (Hch 15:39) con Bernabé, por no dar una nueva oportunidad a J.Marcos, el sobrino de Bernabé. Aún cuando Pablo le debía a Bernabé un gesto de confianza, por que fue él quien lo presentó a los apóstoles, y dio la cara por él. “Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles…” (Hch 9:27). Se hicieron una pareja de colaboradores envidiables, pero por una actitud de su parte, intransigente, altiva, se rompió aquella amistad. Todavía le quedaba a Saulo bastantes restos del naufragio farisaico en que se había criado, y con ellos se mantenía a flote en el aspecto religioso, sobre todo cuando había alguna tormenta.

Cierto que el NT. No menciona hacia dónde dispusieron de ir algunos de los apóstoles, lo que si se puede apreciar es que gran parte del mismo está rubricado por el hacer de este apóstol. Y el libro de los Hechos, centra el testimonio y la expansión del evangelio de mano de Pablo y sus colaboradores, pero fundamentalmente, de él mismo. Lo que continúa después, es una labor escrituraria, ocasionada por los diversos problemas que surgían en las iglesias y a los que Pablo ha de dar su parecer y directriz. Aún así, Pablo no gozaba de tener todo de su lado. Los había que no veían bien algunas cosas de él. Se cuestionaba su apostolado, tuvo problemas de credibilidad con respecto a asuntos de dinero, (2ªCort 8:20) “evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente , no solo delante del Señor, sino también delante de los hombres” Se le criticó el que tuviera como compañera, como mujer a una hermana en la fe, y tuvo que salir al paso a favor de su “derecho a que le acompañara mujer en sus viajes, como los otros apóstoles, y Pedro.” (1ª Cort 9:3-5) Y es normal. Una persona que está consciente de su llamamiento, que sabe lo que beneficia y lo que perjudica, el hacer concesiones pusilánimes, no ya por el hecho de tener o no tener razón, sino por lo que había de representar en cuanto a los principios, los derechos, y los deberes de la conciencia ante Dios, y ante el Cesar si era necesario, Y se mantuvo firme. ¿Qué cometió errores? Por supuesto, pero de su lado positivo se derivan comportamientos y valores que hasta el día de hoy son trascendentes, y son como cimientos que permiten la edificación y la continuación de la obra del Señor.

De los escritos de Pablo, de lo que tenemos en el NT. Cualquiera que aprecie y entienda el valor de la literatura en si, no tiene por más que reconocer, por un lado, la fuerte personalidad, la formación académica, cultural y religiosa. Su conocimiento de la vida gentil –no judía-, pues había nacido en Tarso, ciudad bajo administración romana; además no era de la geografía Palestina. Conocía el derecho romano.

Las Escrituras. Escritos como el de Romanos, Efesios, Gálatas a los Corintios, son un yacimiento de pura teología. Se ha dicho de Pablo que es “un interprete de Cristo”, hasta dónde puede ser cierta esta afirmación queda por ver. Sus escritos centran toda atención teológica y su pensamiento, en Dios más que en Cristo. Su explicación le encuentro a esto en el sentido de que su formación rabínica, teológica, tiene su asiento en que convertido a Cristo,“al cual dice que le ha visto”, –cuando hace su defensa de apóstol- (1ª Cort 9:1) pero esto puede entenderse de dos maneras; una, que en algún momento pueda haber visto físicamente a Jesús, como tantos pudieron verle sin que hubiera trascendencia alguna; bien cerca, bien de retirado. Otra manera es que se puede entender de que cuando se dirigía a Damasco, en el camino, la visión que le dejó sin poder ver algunos días, sea utilizada por él como prueba –subjetiva- para su defensa, de su encuentro con el Resucitado Jesús. Aún así, no representa el mismo grado de apostolado que “los doce” y aunque sea apóstol –un enviado- no ha estado como discípulo del Maestro, recorriendo toda la tierra de Palestina, oyendo sus mensajes, sus palabras, sus encuentros durante mas de tres años, como los otros apóstoles. Sin embargo Pablo es un pilar fundamental en materia de doctrina y enseñanza y una fecunda teología. Pero siempre desde su concepción de que Solamente hay un Dios “Oye Israel, Jehová tu Dios, uno es y no hay otro” Difícil de desplazar este axioma para entenderlo desde la perspectiva del Hijo, que bien claro dejo dicho “El Padre y yo, uno somos” Su terminología en cuanto a tratar de entender esto, ha dejado textos bellísimos y de alto significado y contenido: “Por tanto, al rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos, Amén” (1ª Tim 1:17) Y otro que dice: “por que hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre…” (1ªTim 2:5) Pero no es menos cierto de que hay una gran silencio, una ausencia de las enseñanzas y doctrina, citada literal de Jesús en sus escritos. Y esta doctrina, es la doctrina del Reino de Dios que durante por mas de tres años se anunció y se predicó por parte de Jesús.

Es sintomático de que apenas haya vestigio alguno de ella en sus escritos; de que no haya referencia a sus milagros, conceptos, enseñanzas; es extraño de que este gran personaje para la obra del señor, como para la teología, no existan indicios, ni siquiera que haya oído a alguno de los otros apóstoles, que le haya sido relatado; y con esto no se pone en duda de que el evangelio que predica los haya recibido por revelación, “ Más os hago saber hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gal,1:12) naturalmente que no. Pero seguimos con la incógnita. Ni siquiera punto de referencia en cuanto al llamado sermón del monte. Y a estas alturas, nadie duda de la trascendencia de los asuntos que trata este mensaje de Jesús. Pues no. No vemos que Pablo investigara, preguntara, se informara, sobre asuntos como este, y a tantos que llegó a conocer, siendo testigos directos. Eso no significa que en la presentación que del evangelio –su evangelio- no se hablara de la resurrección los sufrimientos del Señor y su muerte en la cruz, ¡claro que si! De otra manera qué clase de evangelio sería. Sin embargo, Pablo fue un instrumento escogido por el Señor útil en muchos aspectos, y mayormente en aquello que tiene que ver con las consecuencias que se derivan de la obra de Dios en Cristo, una profundización teológica, como es la teología paulina; esa teología es un como “un campo de minas” ya que ha sembrado una serie de conceptos, temas, y asuntos, a cual más explosivo sobre muchos aspectos de la obra de Dios, que ha llevado a cabo a través de su Hijo. Todo un desarrollo teológico de primera magnitud.

Todavía, a pesar de un ejército de comentaristas a través de todos los tiempos, hay asuntos que no están claros, y siguen en la tribuna de la polémica. Pero esto sigue sin explicar el por qué, un hombre como él, apenas deja huellas de si las enseñanzas del Reino a través de Jesús, fue materia que enseñó, o puso de lado. Hay un periodo que el relata de casi cerca de tres años en Arabia –que necesariamente no tenían que ser años naturales- después de su conversión que se podría decir, podía haber requerido de alguna información precisa con respecto a la persona de Jesús al cual había de predicar y hablar en adelante. Pero es que ni siquiera tenemos dato alguno en ese sentido, ni de haberse entrevistado con alguien cercano a los acontecimientos, no. Y máxime cuando quienes disponían de esa información, no eran hombres de letras, formados, o algún intelectual en que se pudiera confiar, pero de los que conocía, eran hombres normales, y por su formación farisaica, tendría sus recelos para venir a que se le dieran algunas clases y considerase un discípulo de cualquiera de ellos. Tal vez, pensar de que personas no instruidas tuvieran que venir a enseñarle, y más, cuando ellas han sido las escogidas por Jesús, (el mismo que él dice que vio) para ser el depósito de lo “que oyeron, vieron y palparon tocante al Verbo de Vida” en este sentido, casi, se puede apreciar que hay cierto “tufillo” y “pelusilla” de que esto estuviera en manos poco expertas en cuestiones de teología. Esto solo son conjeturas probables que se podrían haber dado. Seguimos sin saberlo. Pero podríamos estar cerca de alguna posibilidad. La realidad es que no hay signos que evidencien que Pablo exponía la doctrina del Reino, y que la mencionara de alguna manera. Son muchas las páginas que Pablo tiene escritas para que no fuese esto posible.

 

Con toda seguridad, los escritos que componen el NT, son también información, o más bien, son la teología del Reino, pero lo que Jesús predicó, sus parábolas, sus ilustraciones, sus comparaciones exageradas –símiles- sus discursos, sus enseñanzas todas que conocemos por los evangelios, SON la mismísima Palabra de Dios, pues él mismo dijo: “lo que oigo de mi Padre, eso hablo” “y si vosotros permanecierais en mi palabra, -“mi palabra”- seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8:32,38 ). Y, Pablo será Pablo o san Pablo, pero Jesús es el Señor, y es la Palabra, el Verbo hecho humano-carne-, el que está por encima de toda palabra teológica, por muy apostólica que ésta sea. Esto no es una desautorización de los escritos de los apóstoles. No. Es, más bien, una reflexión acerca de cual, podía haber sido el discurso, el mensaje que al principio tuvo lugar. Si revisamos a los otros escritores –sin referencia al escrito de Hebreos, sin autor conocido- Santiago, Pedro, Judas y también Juan, se percibe más la proximidad y cercanía de sentimiento y corazón, con el recuerdo tan cercano del Maestro, que teología en sí. Como que hay otro tono; y la ausencia de una estructura doctrinal; y hasta modo de empleo de las palabras, del lenguaje. E

n el caso de Pablo hay, no solo otro estilo, y conceptos, sino todo un sistema de pensamiento con respecto a la obra de Dios en Jesucristo, que hasta nos complica la comprensión de su discurso. Para él, posiblemente no tendría problema, no así para sus oyentes, tanto de antes, como de ahora. Ya se ha citado a Pedro que dice que Pablo se le ha dado una sabiduría algo difícil, compleja; aún hay algunas cosas en sus escritos, algún que otro “embolado” que llevan a los comentaristas de todos los tiempos, de cabeza. Pero así es. No obstante su teología, su sistema de pensamiento como corresponde a su formación académica de rabino, con respecto a la persona de Jesús, tiene su lado grandioso, por que a partir del único Dios de quien provienen todas las cosas, llega a una exegesis donde encuentra en Jesucristo, el cumplimiento de todos los planes y propósitos de Dios; del representante de la nueva humanidad, del modelo de hombre que ha superado por la obediencia al Padre, todos los escollos y pruebas, y que le declara “Hijo de Dios con poder según el espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Rom 1:4 ) A Pablo hay que agradecerle, declaraciones, reflexiones, interpretaciones con respecto a Jesús, que son auténticos pilares bien solidificados de su teología, y que alientan y motivan la profundización en la persona de Jesús, de todo aquel que abraza dicha fe. Ello no quita que el enunciado principal de este punto se justifique; seguimos con el interrogante, el por qué no tenemos las enseñanzas de Jesús reproducidas en algún que otro escrito de este apóstol; enseñanzas con respecto al Reino de Dios expuestas por Jesús; sus mensajes, sus discursos, sus milagros y declaraciones, que están ausentes en el sistema teológico doctrinal paulino. Y este vacío se ha transmitido hasta nuestros días.

La eclesiología y lo eclesiástico, como trasunto, rige un estado de cosas que han sistematizado, y modelado, con respecto a lo que debiera de ser una congregación o asamblea del Reino de Dios, más que como iglesia, que ya el nombre en sí, evoca tantas facetas de tipo negativo, que es bien conocido.. Hay demanda de buena noticia, Es necesaria la buena noticia lo cual es el evangelio; y evangelio del Reino de Dios. Le conviene a lo eclesiástico –la iglesia- menguar, y al Reino crecer, hacerse patente; y es esa cercanía, esa proximidad del Reino de Dios, la que, “traerá, justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 16:16 ) Son las palabras del Señor, sus enseñanzas las que traen “vida, y vida en abundancia” Y aunque es frecuente oír en muchos sermones y mensajes acerca de la importancia del “sermón del Monte de Jesús” aún son más las veces que no se aplican sus enunciados, sus principios en la iglesia. La iglesia, como toda colectividad que reúne a personas, es natural que surjan problemas: los tuvo desde el principio; pero en el día de hoy, se rigen más por normas humanas recogidas en estatutos, -los cuales, parece que suelen conocer mejor, que la Palabra de Dios- que por la aplicación de las palabras de Jesús para la solución de los mismos. Pero eso, evidentemente, no lo hacen personas espirituales, sino los legalistas, los “profesionales” los “técnicos de la religión”. Así pues, hay que preguntarse ¿de qué sirve tener y conocer los principios del Reino, sino se aplican? La idea principal de ser discípulo del Maestro, no es ser un licenciado en teología ni un master en humanidades –que eso está bien como formación intelectual- es ser un seguidor, un alumno con el proyecto de asemejarse a su Maestro, de parecerse a Jesús; es el deseo de El de que sus seguidores, se parezcan a él, y que se diga de ellos, los mismo que se dijo de El cuando vino aquella voz del cielo que decía: “ Este es mi hijo –discípulo- amado en quien me complazco, de quien estoy orgulloso, el que complace y contenta” (versión libre) por que “según su grande misericordia, les ha hecho renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para ellos” (1ª Ped 1:3). Es por ello que Pablo escribió a los creyentes de la ciudad de Efeso “llegar a entender, a desarrollar, un varón perfecto, consumado, completo, terminado, a la medida de estatura, -no en lo físico- de la plenitud de Cristo” (4:13).

La idea es llegara tener la “estatura” una medida, un punto exacto de crecimiento de la vida espiritual, de la vida interior, que es lo mismo que hablar de llegar a la madurez, el punto álgido que cada cosa tiene por su naturaleza. Así, por ejemplo se habla de cualquier clase de fruta, o cítrico que “está verde todavía” lo que significa que en ese momento no es apta para tomar; pero cuando llega a su punto, de y a través del tiempo, la temperatura, y el clima, es que es útil para ser digerida; está en su punto. Otro tanto ocurre con el desarrollo y crecimiento de la persona. Aquí, naturalmente el punto, la medida, es el crecimiento –ya sea en lo físico como en lo intelectivo- que en este caso es además, el espiritual, el nivel al que hay que llegar de capacidad para ver las cosas en su justa medida y naturaleza. De esta manera hay que entender lo de ser discípulo, de ser uno que aprende. Es el autor de Hebreos que pone el grito en el cielo cuando les amonesta en su escrito y les dice “Por que debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos (primeros pasos) de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales (inmaduros) que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa –necesita- de la leche es inexperto en la Palabra de justicia, por que es niño, pero el alimento sólido es para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (4:12,14) Estas son las palabras que afectan directamente al cada uno de los discípulos. Y a la inversa de cómo se entiende hoy generalmente la idea del discipulado, como un método de evangelización, -que no lo es-, como tampoco es un curso de adiestramiento para evangelizar; el discipulado es todo un proceso de ponerse detrás de Jesús su Maestro, y seguirle. Andar con él; y cuando se anda con una persona, hay conversación, conocimiento propio, personal, directo. Y consultar con él, y tomar de él lo que se necesita cada día para el caminar en este mundo. Ser una copia de su modelo de trabajo y servicio, de su solidaridad, de su apego a los necesitados y los pobres, de su trato de amor y de ayuda, de su sentido de la amistad, de su aborrecimiento de la hipocresía; de su entrega en el servicio “por que no he venido para ser servido, sino para servir y dar la vida”.

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