| 01 Noviembre 2009
I NOTA AL LECTOR
La institución del papado cuenta con demasiados siglos de historia como para abordar el tema apologéticamente en unas breves páginas, como aquí hacemos. No obstante, en el presente trabajo, aun cuando superficial, consideramos algunos aspectos apologéticos concernientes a la institución del papado para que el lector inicie su propia investigación. Es posible que para quienes la institución del papado forme parte de su fe, incluso crea que de ello dependa su propia salvación, la idea de investigar el origen y el desarrollo de dicha institución, cuestionándola, les pueda parecer un pecado. Sin embargo, nunca sale más fortalecida la fe y las convicciones que cuando indagamos e investigamos acerca de sus raíces, su desarrollo y su evolución histórica. La tesis de este breve trabajo es que el papado, como institución, está ausente en las páginas del Nuevo Testamento y en la historia de la iglesia apostólica. Sólo después de su germen y desarrollo, pasados los cuatro primeros siglos, los textos pertinentes que se evocan adquiere algún significado. Pero los cristianos de las primeras centurias ignoraban acerca de esta institución tal como está estructurada hoy así como las pretensiones que reclama. Por lo demás, instamos al lector a llegar hasta el final de este trabajo.
II INTRODUCCION
La Iglesia Católica Romana fundamenta la doctrina del papado esencialmente en el texto de Mateo 16:13-19 , concretamente en los versos 18 y 19, que rezan así: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que destares en la tierra será desatado en los cielos". En este texto fundamenta no sólo el llamado primado de Pedro, sino también la sucesión apostólica, la doctrina de la infalibilidad del Papa, los títulos de Sumo Sacerdote, Vicario de Cristo, Príncipe de los pastores, etc., y otros dogmas acerca del papado. Otro texto invocado pertinente al papado es Juan 21:15-17 .
En la apología sobre la defensa y la justificación del primado de Pedro y, como consecuencia, del papado, los apologistas católicos citan situaciones o eventos en los cuales consideran que Pedro actuó como primado universal de la Iglesia. Así pues, afirman que Pedro presidió el concilio de Jerusalén (Hechos 15 ), que fue el fundador de la iglesia de Antioquía de Siria, en la cual fue obispo hasta que partió hacia Roma; que fue el primer obispo de la iglesia de Roma, que la visita que el apóstol Pablo le hizo en Jerusalén fue en atención de su primado (Gálatas 1:18-19), etc. Con el presente trabajo deseamos invitar al lector a reconsiderar los textos y situaciones que ofrecen el Nuevo Testamento para analizarlos de la manera más críticamente posible en aras de la mejor exégesis del texto.
A priori nos atrevemos a decir que, de una lectura simple de los textos pertinentes, los fundadores de la iglesia en Antioquía de Siria fueron "unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús", pero no Pedro. Y que fueron Bernabé y Pablo quienes estuvieron allí un año con la iglesia ya fundada, y "enseñaron a mucha gente" (Hechos 11:19-26 ; 13:1-3). Es cierto que Pedro estuvo en aquella iglesia durante un tiempo indefinido, pero ignoramos cuál fue el propósito de dicha estancia o visita (Gálatas 1:11 sig.).
Por otro lado, no hay certeza de que Pedro fundara la iglesia de Roma o que fuera su primer obispo. Lo que sabemos por la tradición es que Pedro murió mártir allí, como asimismo el apóstol Pablo. Posteriormente se creyó que, porque estos Apóstoles habían muerto allí, fueron ellos quienes habían fundado la iglesia. Pero esto sólo son suposiciones de la tradición. Con respecto a esta suposición, sería muy extraño que Pablo escribiera, antes de su martirio, una carta a la iglesia de Roma y no hiciera ninguna mención de Pedro si éste hubiera sido el primer obispo de esta iglesia, aun cuando manda saludos a 27 personas concretas, entre hombres y mujeres (Romanos 16 ). También sería extraño que dirigiera su carta "a todos los que estáis en Roma" y no la dirigiera a Pedro si éste era el primado de la Iglesia (Romanos 1:1-7 ).
En cuanto a que Pedro presidiera el concilio de Jerusalén resulta algo forzado ya que el texto, explícitamente, dice que fue Jacobo quien expuso las conclusiones del concilio y cerró dicho concilio (Hechos 15:13-29 ).
Hemos observado que algunos apologistas católicos hacen decir a Mateo "sobre ti edificaré mi iglesia", cuando el texto dice "sobre esta roca edificaré mi iglesia". Pero creemos que dicha afirmación se basa en una conclusión precipitada más que en una crítica contextualizada del texto mismo. Estos apologistas dan por hecho que la roca era Pedro y no su confesión: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente", como la mayoría de los Padres de la Iglesia de los dos primeros siglos creyeron.
Metodología apologética
Por otro lado, creemos que la discusión sobre el primado de Pedro y, en particular, sobre el papado no puede consistir sólo en la interpretación de un texto bíblico, o en la pura semántica de cualquier término, y mucho menos recrear la apología del papado desde la institución ya establecida, sino todo lo contrario: el tema se debe discutir desde atrás hacia delante en el tiempo. Creemos que la discusión debe partir: a) De la eclesiología de la edad apostólica; b) Del concepto que la patrística de los primeros siglos tuvo sobre dicho "primado"; y c), De cómo entendieron los mismos Apóstoles la frase: "sobre esta piedra edificaré mi iglesia".
Pero la eclesiología neotestamentaria, especialmente, es la que debe primar sobre cualquier elemento anecdótico que registre la historia de la iglesia pos apostólica, y especialmente si dicho elemento anecdótico pertenece a siglos posteriores al reconocimiento del cristianismo como religión oficial por el Imperio romano. La institución del papado, que germina y se desarrolla a partir del siglo IV, tiene una explicación sociológica, religiosa y, especialmente, política, al margen de lo estrictamente teológico. No tenemos ningún reparo en aceptar un primado de Pedro (primero entre iguales), y el liderazgo de una cabeza visible en la Iglesia Católica Romana, se llame Papa o de cualquier otra manera, pero de esto a las pretensiones del papado hay escollos difíciles de salvar.





