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Pedro y la recepción del evangelio en Samaria (Hechos 8:14-15 ).

Cuando los samaritanos aceptaron el evangelio, no fue Pedro quien envió emisarios para supervisar la obra en aquella región, como se espera de alguien que ejerce una autoridad moral y jurisdiccional en la Iglesia, sino que fue Pedro, junto con Juan, los que fueron comisionados por los demás apóstoles para tal tarea:

"Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo" (Hechos 8:14-15 ).

El comportamiento de los líderes de la iglesia de Jerusalén, al enviar a Pedro y a Juan con dicha misión, es coherente con el concepto que tenían de la organización de la iglesia, en la cual un supuesto primado universal está ausente. Este comportamiento, sin embargo, hubiera sido imposible en la época en que el papado estaba ya instituido y consolidado. ¿Nos podemos imaginar al Papa de la triple tiara, viajando a otra provincia, comisionado por los Ancianos (obispos) de la iglesia en la cual se supone que radica la sede de su papado, como un subalterno? Todo esto parece indicar que los apóstoles enviaron a Pedro y a Juan porque no sabían nada de una supuesta primacía de Pedro, al menos en la manera que lo entiende la jerarquía católica actual.

Pedro es obviado en la iglesia de Jerusalén (Hechos 6:1-6 ).

Ya hemos visto que en el concilio Pedro intervino como uno más de los participantes. Y fue Jacobo quien tuvo la última palabra en calidad de líder de la iglesia. Ahora bien, cuando fue necesaria una acción de estrategia en la obra que realizaba la iglesia, que implicaba el liderazgo de alguien en particular, Lucas dice que "los doce convocaron a la multitud de los discípulos" (Hechos 6:1-6 ). Este texto, como otros más, nos ofrece una visión de la organización de la iglesia en la  época apostólica, en la cual Pedro queda diluido en el término "los doce". Una vez más, en vez de evidenciar el supuesto primado de Pedro, el Apóstol queda obviado.

Pedro es objeto de disputa en la iglesia de Jerusalén (Hechos 10 - 11:2-4).

También nos sorprendería hoy que el cuerpo cardenalicio del Vaticano reprendiera al Papa porque éste hubiera entrado en una casa de no-convertidos para anunciarles el evangelio, como hizo Pedro y por lo cual el Apóstol tuvo que dar cuenta:

"Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido..." (Hechos 11:2-4 ).

Pedro es reprendido en la iglesia de Antioquia (Gálatas 2:11-14).

Y algo que también nos sorprendería mucho, si ocurriera en el Vaticano del siglo XXI, es la reprimenda de la cual fue objeto Pedro por medio de Pablo por una actitud desacertada del primero:

"Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?" (Gálatas 2:11-14).

Es verdad que el análisis de este texto confiere importancia a Pedro. Si eso mismo lo hubiera hecho otro, la cuestión hubiera pasado desapercibida. La conducta de Pedro adquirió importancia precisamente porque lo había protagonizado él. Lo cual describe la influencia que Pedro ejercía en la iglesia en general. Hasta aquí correcto.

Otra cosa es sobredimensionar esta anécdota para concluir que la influencia que Pedro ejercía sobre la iglesia confirma que Pedro era el Papa. Sin negar dicha influencia, que la reconocemos, lo que el texto evidencia también es la posibilidad de encararse públicamente contra Pedro cuando el caso lo requería. Algo difícil de entender si Pedro era considerado en aquellos días el primado de la iglesia universal como lo entiende hoy la Iglesia Católica.

¿Creyó Pedro ser él mismo la roca?

Ciertamente, no era de esperar que el mismo Pedro reclamara para sí algún privilegio por una cuestión de humildad, pero sí se espera que dichos privilegios les fueran no sólo reconocidos, sino proclamados y enseñados en las muchas ocasiones que la apología del Nuevo Testamento propicia. Pero no es así.

En principio hemos de tomar en consideración lo que Pedro creía y enseñaba acerca de quién era la Roca sobre la cual era edificada la iglesia.

Cuando dio testimonio ante el concilio judío, Pedro confesó:

"Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:11-12 ).

En una exposición puramente docente, Pedro enseña:

"Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado.  Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo;  y: piedra de  tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados" (1 Pedro 2:4-8 ).

Por el contrario, Pedro creyó ser él mismo un anciano más entre los demás ancianos que pastoreaban la iglesia. Más aún: el único Príncipe de los pastores que Pedro reconocía era el mismo Jesucristo, contrario a las pretensiones de los papistas que le atribuyen este título al Papa:

"Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria" (1 Pedro 5:1-4 ).

¿Creyeron los autores del NT que Pedro fuera la roca?

El apóstol Pablo, en el mismo estilo que Pedro, dice:

"Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu" (Efesios 2:19-22 ).

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo" (1 Corintios 3:11 ).

Ningún autor del NT enseña, explícita o implícitamente, que Pedro fuera la roca donde se edifica la iglesia.


El papel de los Apóstoles

Sin ninguna duda, la iglesia "madre" (Jerusalén) debió ejercer una autoridad no pequeña sobre las demás iglesias de Judea (Hechos 8:14 ) extendiéndose incluso hasta Antioquia de Siria (Hechos 11:22 ; ver Gálatas 2:12). Sin embargo, después de la vida de los Apóstoles, esta autoridad se buscó no en la persona de un supuesto primado universal, sino en los escritos apostólicos. Estos escritos se convirtieron en "la" autoridad para la posteridad del Cristianismo. En las grandes discusiones teológicas, en los concilios de los primeros siglos, se invocaba los escritos de los Apóstoles para demostrar y defender las proposiciones teológicas favoritas. De hecho, la formación del Canon del Nuevo testamento tuvo como propósito fundamental, entre otros, el reconocimiento de una autoridad a la cual apelar en materia de doctrina y fe. Necesitaban saber qué escrituras gozaban de autoridad apostólica.

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