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Después de la época apostólica, ¿qué pensaban los Padres de la Iglesia y los apologistas de los primeros siglos sobre el primado de Pedro, es decir, antes que el obispo de Roma fuera acumulando poder religioso, patrimonial y, especialmente, político?

El católico Launoy compuso una lista con las opiniones de los Padres sobre la frase "sobre esta piedra edificaré mi iglesia" y encontró que había 17 Padres a favor de la interpretación de que Pedro era la "roca". Otros 44 Padres creían que era “la fe” que Pedro confesó. Otros 16 pensaban que era Cristo mismo. Y 8 creían que se trataba del conjunto de los Apóstoles. Lo que sigue es el testimonio de algunos de estos Padres:

Orígenes  sostuvo que la roca es todo discípulo fiel de Cristo: "Mas si creéis que toda la Iglesia fue edificada por Dios sobre Pedro únicamente, ¿qué me diréis de Juan, el hijo del trueno, o de los demás apóstoles? ¿O nos aventuraremos a decir que las puertas del infierno no prevalecerán en contra de Pedro, pero prevalecerán en contra de los demás apóstoles y de aquellos que son perfectos? Las palabras en cuestión... ¿no se dicen acaso de todos y cada uno de ellos?"


Cipriano escribió: "Nadie entre nosotros se proclama a sí mismo obispo de obispos, ni obliga a sus colegas por tiranía o terror a una obediencia forzada, considerando que todo obispo por su libertad y poder tiene el derecho de pensar como quiera y no puede juzgarlo otro, lo mismo que él no puede juzgar a otros". Este comentario lo expuso en su controversia con Esteban, a la sazón obispo de Roma, sobre la validez del bautismo de los herejes en el concilio africano de septiembre del año 256, actuando Cipriano como presidente de dicho concilio. Y comentando expresamente Mateo 16:16 , escribe: "Lo mismo eran los demás apóstoles que Pedro, adornados con la misma participación de honor y potestad".

Jerónimo dice: "Pero vosotros decís que la Iglesia está fundada sobre Pedro, aunque lo mismo se dice en otro lugar de todos los apóstoles, y todos reciben el Reino de los cielos, y la solidez de la Iglesia está establecida igualmente sobre todos"

San Agustín  interpreta "sobre esta roca" en el sentido de "sobre mí mismo, Cristo, porque Cristo es la Roca".

Crisóstomo  explica las palabras de Mateo 16:16 así: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia", es decir, sobre la fe de tu confesión".

Ambrosio  sostenía que "la fe es el fundamento de la Igle¬sia, porque no de la persona humana de San Pedro, sino de la fe se dijo que las puertas del infierno no prevalecerían en contra de ella".

Cirilo de Alejandría  afirmó: "...la roca, una alusión a su nombre (el de Pedro), como la inconmovible y firme fe del discípulo sobre la cual la Iglesia de Cristo se funda y estable-ce".

Hilario   escribió: "Sobre esta roca de la confesión se edifica la iglesia... Esta fe es el fundamento de la Iglesia (Haec fides Ecclesiae fundamentum est).

Como podemos ver, el dogma del primado de jurisdicción universal e infalibilidad doctrinal del papa, no tiene tampoco fundamento patrístico. La mayoría de los Padres de la Iglesia de los cuatro primeros siglos no entendieron que Pedro fuera la roca, sino la confesión de Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente", esta es la Roca donde se edificaría –y se edifica- la Iglesia.

Si las pretensiones del papado, según la Iglesia Católica Romana, hubieran gozado de un consenso desde la edad apostólica, ¿cómo entender que figuras tan reconocidas como las citadas pusieran en entredicho dichas pretensiones? ¿Cómo iban a contradecir una doctrina tan vital para la unidad y la estructura eclesiástica de la iglesia universal? Y si lo hicieron, ¿por qué no fueron reprobados, según la costumbre de la iglesia con sus anatemas contra los herejes?

La validez de los concilios

Según el Derecho Canónico de la Iglesia Católica Romana (cánones 22-229), para que un concilio sea legítimamente ecuménico se requieren tres condiciones: a) Que el concilio sea convocado por el papa; b) Que esté presidido por él mismo o por un representante suyo; c) Que sea confirmado por la misma autoridad del romano pontífice. Sin embargo, sólo ocho concilios papales de la Edad Media (del I de Letrán al de Vienne y el V Lateranense) el de Trento y el Vaticano I reúnen estas condiciones. No obstante, los siete primeros concilios ecuménicos que conoce la Historia fueron convocados, presididos y reconocidos sin la intervención directa de los papas. En cuanto a la convocatoria, todos los grandes concilios de la antigüedad se reunieron por voluntad expresa de los emperadores, sin que fueran consultados necesariamente los obispos romanos de antemano. Es más, si en alguna ocasión el obispo de Roma consideró oportuno convocar un concilio, tuvo que solicitarlo (como cualquier otro prelado) del emperador, como lo hizo Inocencio I en el caso de Crisóstomo, y León I después del sínodo del año 449 llamado "Latrocinio"

¿Cómo, pues, devino el papado?


El Catolicismo antiguo estaba organizado episcopalmente en torno a la autoridad moral de varios patriarcados. Tres de estos se hallaban en Oriente: Jerusalén, Antioquía y Alejandría. En Occidente sólo había uno, el de Roma. Cuando la sede del imperio se trasladó a Constantinopla, esta ciudad adquirió el rango de patriarcado alcanzando así el número de cuatro en Oriente. El obispo de Roma era el único patriarca en Occidente, y esto favorecía poderosamente su protagonismo.

Javier Gonzaga, en su obra "Concilios",  resume las causas que favorecieron la institución del papado y la preeminencia de la iglesia de Roma sobre las demás iglesias occidentales:

1 La destrucción de Jerusalén, que rompió el centro natural de la Cristiandad a donde hasta entonces habían sido elevadas las cuestiones más importantes (Hechos 15 ) y motivó la dispersión del más importante núcleo de dirigentes cristianos.
2 El carácter cosmopolita de la  ciudad de Roma, que prestó a la Iglesia de la capital del Imperio su carácter representativo y universal.
3 El martirio de Pedro y de Pablo en Roma, que ligó los nombres de los insignes apóstoles a la Iglesia de la capital, según la costumbres de la época, que daba más importancia a la sucesión sacramental que a la doctrinal. De ahí se seguiría, probablemente, la creencia legendaria de que estos mismos apóstoles habían fundado la Iglesia de Roma.
4 El traslado de la capitalidad de Roma a Constantinopla, que dejó a la Iglesia romana en plena libertad de movimientos para desarrollar su propia hegemonía eclesiástica sobre Occidente.
5 El hecho de que Roma fuese el único patriarcado occidental. De ahí que los emperadores residentes en Constantinopla ensanchasen los poderes jurisdiccionales del obispo de Roma para que, en nombre de la autoridad imperial, dirigiese la disciplina eclesiástica en Occidente y hasta la civil y política. El código de Justiniano vino a legalizar este estatuto especial de la sede romana. Hasta aquí, no obstante, los privilegios de que goza la Cristiandad romana tienen que ver más con su sede que con su obispo; atañen más a la Iglesia de Roma en su conjunto que a los papas romanos en particular. Su importancia es la que se deriva de circunstancias históricas, geográficas y políticas y no es hasta el siglo III, cuando en Roma se oye por primera vez que su Iglesia es la sede de Pedro de manera especial. Si la teoría romanista respondiese a la verdad, los hechos históricos se hubieran producido en sentido inverso; primero la importancia del obispo de Roma, por su carácter de Vicario de Cristo, y luego, en lugar secundario, el valor circunstancial de la ciudad en donde tal obispo resida. El orden histórico, sin embargo, sigue la línea opuesta de las tesis papales.
6 Las invasiones bárbaras, que separaron todavía más a Roma tanto de la Cristiandad oriental como del control imperial de Bizancio. La coronación de Carlomagno por el papa León sella esta separación y provee a la sede romana de más medios seculares con los que desplegar su influencia. Hasta entonces, la primacía de Roma, en líneas generales, fue desarrollada de conformidad –y dentro de los límites- del orden episcopal existente en la Iglesia antigua. A partir de ahora, las pretensiones papales chocarán cada vez más con el concepto de la Iglesia Católica antigua hasta producir la ruptura con Oriente cuya Cristiandad quiere permanecer fiel al mismo.
7 Las donaciones de extensos territorios que los reyes francos hicieron a los papas. Esto inauguró la historia de los Estados Pontificios, o poder temporal de los papas, que convierten aún más a la sede romana en un reino de este mundo.
8 La proliferación de documentos (especialmente las "Decretales Pseudo-Isidorianas") espurios, apoyando las pretensiones romanas, que dieron el soporte teórico a éstas y las promovieron al mismo tiempo. El deseo de los obispos de verse libres del poder feudal multiplicó estas falsificaciones mediante las cuales el episcopado se declaraba sujeto sólo al romano pontífice. Así acabó la curia romana con el sistema episcopal  tradicional y dio fin en Occidente al régimen Católico antiguo. En su lugar, las poderosas y pujantes órdenes religiosas (Cluny, sobre todo) sirvieron de ejército avanzado para la realización de los planes romanos.
9 La romanización de las liturgias y usos canónicos tradicionales de las otras Iglesias de Occidente, que terminó con la independencia de éstas.
10 La irrupción del Islam en regiones de larga tradición cristiana, que sirvió indirecta –y hasta paradójicamente, si se quiere-, a los fines del Papado. La conquista musulmana acalló la voz independiente de las importantes iglesias de África y, por un tiempo, la de España. Le hubiera resultado muy difícil, por no decir imposible, a Roma el conseguir la completa sumisión de Alejandría y Cartago (por no citar más las dos Iglesias más importantes), exponentes, juntamente con la Cristiandad oriental, del Catolicismo conciliar antiguo. Sin el Islam, no hubiera habido Reconquista en España y, por consiguiente, la voz vigorosa de la Iglesia de los concilios de Toledo se hubiera añadido al testimonio de las otras cristiandades católicas antiguas. El consenso unánime del norte de África, España, Siria y Arabia, entre otros pueblos, hubiera hecho imposible la hegemonía papal.
11 La teología escolástica, que tomó de las Decretales espuria la base para su doctrina sobre el papa. La misma teología de Tomás de Aquino, se resiente de la influencia de estos documentos medievales, de los que saca muchas de las supuestas citas patrísticas con que formular la teología romana de la Iglesia. Con todo, el eminente dominico fue víctima, no fautor, del engaño. Esta teología, falseada en su misma base, se impuso a toda la Cristiandad occidental.

 

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