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En el fondo, todos los apologistas, tanto católicos como protestantes, reconocen que éste es el texto sobre el que cae toda la apología del papado.

Esta declaración de Jesús contiene varios elementos que debemos diferenciar y analizar por separado. Primeramente es importante tener en cuenta el contexto en que ocurre. Jesús ha preguntado, no a Pedro, sino a todos los discípulos quién creen ellos que es él. Y Pedro, como solía hacer en otras ocasiones, como portavoz del grupo, ha respondido sin dudar: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". En respuesta a esta confesión, Jesús dice lo siguiente:

a)  "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

b)  "Yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

c)  "Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos;

d)  "Y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos".

Esta declaración de Jesús nos lleva a formularnos tres preguntas:

a)  ¿Quién era la roca sobre la cual Jesús iba edificar su iglesia?

b)   ¿En qué consistía y cómo usó el Apóstol la "llaves del reino de los cielos"?

c)    ¿Qué prerrogativa era la de "atar y desatar"?

La apología católica romana, desde la premisa que Pedro fue el primer Papa, encadena una serie de pretensiones acerca del papado. Así, de este texto concluyen que Pedro era la "roca" sobre la cual la iglesia iba a ser edificada; por otro lado, como esta primacía no podía terminar en Pedro, ello implica una sucesión vitalicia que encarnan los sucesores de Pedro (Los Papas). Además, dicen, al hacer las veces de Cristo en la Tierra,  es el Vicario de Cristo. Es también Sumo Pontífice porque tiene en su poder todos los poderes espirituales de la iglesia universal. Es también el Príncipe de los Pastores, luego todos los obispos le deben obediencia. Por otro lado, es infalible en sus declaraciones cuando afectan a toda la iglesia en asuntos de fe y doctrina. Pero, nos preguntamos, ¿es esto así?

 

"Sobre esta roca edificaré mi iglesia"

Es cierto que Jesús había cambiado el nombre de Simón por el de Pedro. También es cierto que "pedro" significa "piedra" o "roca". Sin embargo, no es cierto, como algunos apologistas católicos afirman, que Jesús hubiera hecho este cambio de nombre justo antes del episodio verbal en el camino de Cesarea de Filipo: ("sobre esta piedra..."). Jesús había cambiado el nombre del Apóstol cuando se conocieron por primera vez (Juan 1:35-42 ), antes incluso de ser llamado al discipulado (Marcos 1:16-20 ) y ser elegido Apóstol (Marcos 3:13-19 ). Si Jesús hubiera hecho el cambio de nombre como preámbulo de la declaración: "yo también te digo que tú eres Pedro...", la relación entre "Pedro" y "roca" tendría otra significación apologética. Pero los sucesos no ocurrieron así, y la frase de Mateo no exige que la roca sea Pedro.

 

¿Quién era la “roca” sobre donde se edificaría la iglesia?

Jesús, después de la confesión de Pedro, dijo a éste: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro". Hasta aquí lo que constatamos es un reconocimiento recíproco de quién eran quién. Pedro ha confesado que Jesús es el Hijo del Dios viviente. Jesús ha confesado que el discípulo era Pedro. Tan verdadero era que el discípulo era Pedro, y no otro, como que Jesús era el Hijo de Dios, y no otro. No obstante, ni siquiera Jesús alaba a Pedro por dicha confesión, sino que le considera "bienaventurado" porque Dios se lo había revelado: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mateo 16:17 ).

 

Pero el centro neurálgico de este episodio verbal en el camino de  Cesarea de Filipo no fue la persona de Pedro, ni siquiera fue la declaración de Jesús que estamos tratando, sino la declaración de Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Sobre esta declaración de fe se edificaría la iglesia. Sobre esta confesión se abrió el reino de los cielos en el día de Pentecostés y en todo lugar que se predicó –y se predica- el evangelio. El Apóstol de los gentiles declara: "Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo" (Romanos 10:8-9 ). En la conversión del etíope eunuco, éste respondió a la pregunta de rigor respecto a la divinidad de Cristo: "Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios" (Hechos 8:37 ).

La teoría de que Pedro era la "roca" no fue utilizada ni argumentada hasta que el obispo de Roma reclamó para sí el gobierno espiritual de la iglesia universal. Y esta reclamación no se produjo hasta que el obispo de Roma fue adquiriendo el poder y la autoridad que el emperador le fue otorgando, especialmente cuando éste cambió la sede del Imperio a Constantinopla. El cisma de la Iglesia Ortodoxa Griega tiene su origen precisamente en la disputa entre el obispo de Roma, como el patriarca de Occidente, y el obispo de Constantinopla, en calidad de patriarca de Oriente, después de que la sede del Imperio fuera trasladada a aquella ciudad. A raíz del traslado de la sede imperial, Roma dejó de ser el centro político del Imperio, pero se convirtió en la capital eclesiástica de la Cristiandad occidental. Si el obispo de Roma se cree cabeza de la iglesia universal porque allí había radicado hasta entonces la sede del Imperio, también tiene derecho de ser la cabeza de la iglesia el obispo de Constantinopla una vez que dicha sede imperial se encontraba ahora en esta ciudad. Este era el argumento del patriarca de Constantinopla. Esta disputa, que duró siglos, acabó en el año 1054 con la división entre la Iglesia Ortodoxa Griega (Iglesia Oriental) y la Iglesia Católica Latina o Romana (Iglesia Occidental). Es decir, nunca la Cristiandad antigua creyó en las pretensiones del papado, al contrario: estas pretensiones dividieron la iglesia

 

"Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos"

Esta declaración de Jesús reviste formalmente una comisión especial y exclusiva para el apóstol Pedro. Ahora bien, ¿en qué consistía las llaves y cuál era el reino del cual habla Jesús? ¿Qué jurisdicción tenía esta prerrogativa? ¿En qué consistió?

Algunos apologistas católicos citan Isaías 22:15-25 para ilustrar el sentido que tiene la figura de las llaves del texto de Mateo. Según el texto de Isaías citado, Sebna era tesorero y mayordomo del reino, pero había caído en desgracia y fue condenado al destierro. Su lugar lo ocupó Eliaquín. En el relato de Isaías, las llaves tiene sentido de gobierno y autoridad terrenal porque se trata de un reino, una tesorería y una mayordomía terrenal. En el caso de Pedro las "llaves" tienen que ver con un reino "que no es de este mundo", es espiritual, aun cuando las personas que lo forman están en este mundo. El caso que hallamos en el texto de Isaías no tiene nada que ver con la iglesia. Son dos conceptos distintos. En el primer caso se trata de un reino terrenal, en el segundo caso se trata de un reino espiritual.

 

Las llaves, figuradamente, puede significar tanto autoridad como simplemente privilegio. En el contexto de Pedro, a la luz del NT y de la historia apostólica, las llaves fueron más un privilegio en el servicio del evangelio, que una supuesta autoridad sobre la iglesia. El privilegio de Pedro es evidente en el Nuevo Testamento: él inauguró, abrió, el reino de los cielos, la iglesia, mediante su primer sermón a los judíos y la predicación del evangelio al primer gentil, Cornelio (Hechos 2 y 10). La supuesta autoridad de las "llaves", sin embargo, brilla por su ausencia. Pedro usó las llaves predicando el evangelio, y como consecuencia de su predicación tres mil personas "entraron" en el reino. Ahora bien, las puertas del reino fueron abiertas una vez para siempre. Desde entonces, "el Señor añade a la iglesia los que han de ser salvos" (Hechos 2:47 ), es decir, entran en el reino ya abierto e inaugurado, y así hasta que él venga otra vez. Pedro no necesitó usar más esas llaves, el reino quedó abierto e inaugurado para siempre. Fue su privilegio, no su autoridad. No fue él quien añadía a la iglesia las personas que iban a ser salvas, sino el Señor. La Iglesia era edificada sobre Cristo mediante el reconocimiento de que El era "el Hijo del Dios viviente", es decir, lo que Pedro había confesado en el camino de Cesarea de Filipo.

No hay ningún testimonio en el NT en el cual podamos percibir que Pedro hiciera uso figurado de esas llaves aparte de su primer sermón. Absolutamente ninguno. Todo su trabajo y actividad queda dentro del ámbito evangelístico y pastoral en iguales condiciones que los demás apóstoles. Y cuando se espera algún protagonismo de Pedro, en calidad de alguna supuesta primacía, Pedro queda obviado en el colectivo de los doce.

 

"Lo que desatares en la tierra"

¿Qué prerrogativa era ésta? ¿Fue una prerrogativa exclusivamente para Pedro, o por extensión a todos los apóstoles y a la iglesia misma? El mismo evangelista, Mateo, refiere esta prerrogativa de forma colectiva, concretamente a toda la iglesia: "Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo" (Mateo 18:15-18 ).

Este texto evidencia contundentemente que esa prerrogativa no fue exclusiva de Pedro, sino de todos los apóstoles y, por extensión, a toda la iglesia. Hallamos dos casos, de diferente naturaleza, los cuales podemos relacionar con esta prerrogativa: a) El caso de Elimas el mago en la isla de Chipre, y b) El caso de la muchacha que tenía un espíritu de adivinación. En ambos casos no fue Pedro, sino Pablo quien intervino: "Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego" (Hechos 13:11 ), "[Pablo] se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella" (Hechos 16:18 ). En ambos casos el juicio se produjo. Otro caso, muy diferente, fue el de Simón el mago quien quiso comprar con dinero el don del Espíritu Santo. Su condición espiritual le enajenó de las bendiciones del evangelio, y ni siquiera Pedro pudo cambiar (atar o desatar) su estado espiritual, sino que lo dejó a la gracia de Dios en función de su propio arrepentimiento: "Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón" (Hechos 8:9-22 ).

En conclusión, si el poder de atar y desatar es una prerrogativa de la iglesia, el uso de esa potestad tiene que ver más con un acto disciplinario que con alguna otra autoridad, pero siempre se da en el contexto de la iglesia local toda vez que la autoridad instituida no abarcaba más ámbito, ni moral ni geográfico.

 

"Pastorea mis ovejas" (Juan 21:15-17 ).

El primado de Pedro se ha querido ver en este texto, como si la comisión fuera singular y exclusiva para el apóstol Pedro. Pero lo que Jesús le dice al Apóstol tiene un contexto: la restauración de Pedro.

Pedro había negado tres veces al Maestro cuando se encontraba en el patio del Sumo Sacerdote durante el juicio religioso que se llevó a cabo contra Jesús. Basta leer a Lucas para comprender el estado moral y espiritual en el que se encontraba Pedro después de aquellos sucesos:

"Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente" (Lucas 22:60-62 ).

En este contexto de restauración pastoral debemos situar la significativa inclusión específica de Pedro en la convocatoria de los discípulos para reunirse con Jesús, según el evangelio de Marcos:

"Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea" (Marcos 16:7 ).

Cuando, por fin, se hallaban todos reunidos, después de haber comido, Jesús se aproximó a Pedro y le habló en estos términos:

"Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas" (Juan 21:15-17 ).

Estas mismas “recomendaciones” que Jesús dirigió a Pedro, pudieron ser dichas a cualquiera de los doce sin que ello implicara algún rango de superioridad sobre los demás, y mucho menos cuando dichas recomendaciones formaban parte de una restauración espiritual. Confundir una restauración pastoral, después de haber negado tres veces al Señor, con un "ascenso" de rango sobre los demás discípulos, creemos que es sacar las cosas de su contexto. El encargo de Jesús es netamente pastoral y no tiene ninguna connotación diferente del encargo que se le supone para los demás discípulos. ¿Acaso los demás apóstoles no debían apacentar a la grey, o pastorear a la iglesia igual que Pedro?

 

¿Depende la legitimidad de la iglesia de la sucesión apostólica?

Un argumento muy difundido en la apología popular católica es que la legitimidad de la Iglesia Católica Romana, como la Iglesia única verdadera, se basa en la sucesión directa de los apóstoles, especialmente de Pedro como primer obispo de la iglesia de Roma.

Aun en el supuesto de que Pedro hubiera sido el primer obispo de la iglesia de Roma (Lo cual no tiene ningún fundamento, salvo que fue martirizado y muerto allí, como también Pablo),  y la lista de los siguientes obispos de dicha iglesia fuera cierta, eso no justifica nada. La legitimidad de la Iglesia no depende de una supuesta sucesión de cargos eclesiásticos, sino de la fidelidad de la Iglesia a las enseñanzas de Cristo y de los Apóstoles. La Iglesia se "edifica sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efesios 2:20 ). Dondequiera que se reúnan dos o tres en el nombre de Cristo, y obedezcan sus mandamientos, allí está la iglesia verdadera porque entre ellos está Cristo mismo (Mateo 18:20 ).

 


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