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Quienes están familiarizados con la literatura, en general, que produce el Movimiento de Restauración a través de folletos apologéticos, revistas, libros, boletines de iglesias locales, etc. habrán podido observar que uno de los términos con los cuales se refieren a cualquier iglesia o movimiento religioso, que no pertenezca a la “Iglesia de Cristo”, es el de “denominación”; mayormente usando el plural: “las denominaciones”, con cierto y no disimulado sentido despectivo. Este sentido despreciativo del término “denominaciones” es coherente con el convencimiento absoluto de que las iglesias adheridas al Movimiento de Restauración “son” las únicas y verdaderas iglesias de Cristo. Y, siguiendo con este absolutismo dogmático, las demás iglesias, movimientos, etc. que no aceptan todas las doctrinas y principios de nuestro Movimiento de Restauración de la misma manera y visión, obviamente, se autoexcluyen de ser iglesias auténticas del Señor Jesús. Y todo esto sin medias tintas. En esta clasificación no caben tonos grises, o es blanco o es negro. O están con nosotros, o están contra nosotros. Pero me temo que muchos llamados “denominacionales” podrán decirnos aquel dicho popular del refranero español: “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.

¿DENOMINACIONALISMO INTERNO?


El fenómeno de este “denominacionalismo”, lamentablemente, también ocurre, aunque de otra manera, aun dentro de las mismas iglesias que forman el Movimiento, dependiendo de si son “conservadoras” o “liberales”. Simulando una serie de círculos concéntricos, los “puros”, los “fieles” a la Escritura, los cristianos “auténticos”, son aquellos que estarían ubicados en el círculo del centro; la ortodoxia se relaja en la medida que se aleja de dicho centro; mientras más en la periferia se esté ubicado en dichos círculos concéntricos, más lejos se está de la verdad del evangelio.

 


¿Quiénes forman el grupo de iglesias “conservadoras”?

Generalmente, este adjetivo se aplica a las iglesias que mantienen las doctrinas y los principios originarios del Movimiento, tal como se consolidaron en los días de los Campbell y Stone, antes de que se produjeran los cambios que dieron origen a la primera gran división (la intromisión de instrumentos musicales en la alabanza, la creación de sociedades misioneras, etc.)[1]. La interpretación que hacen de la Escritura es esencialmente “fundamentalista”[2]. De esta interpretación deducen no sólo la exclusión de los instrumentos musicales en la alabanza, sino el uso del vino sin alcohol, el pan sin levadura, el uso de una sola copa para la participación de la “Santa Cena” y algunas cosas más relacionadas con la organización de la iglesia.

¿Quiénes forman el grupo de iglesias “liberales”?

Generalmente, aquellas iglesias que no se atienen a las rigurosas interpretaciones de carácter “fundamentalista” de las iglesias “conservadoras”. De aquí, entre otras cosas, que se permitan usar copitas individuales, vino con o sin alcohol, pan con o sin levadura, en la participación de la “Santa Cena”. Además, no tienen prejuicios a la hora de crear fundaciones para la evangelización en las que cooperen económicamente diferentes iglesias locales para dicho fin (programas de radio, campañas, etc.), cosas que repudian las iglesias “conservadoras”.

No obstante estas diferencias generales, no existe una línea divisoria nítida que separe estas dos tendencias (conservadoras y liberales), pues podemos encontrar iglesias llamadas “liberales” que practican costumbres propias de las “conservadoras”, aunque es más difícil hallar lo contrario: iglesias “conservadoras” que practiquen costumbres propias de las “liberales”.

¿Qué separa a estos dos grupos de iglesias dentro del movimiento?

El fondo de la cuestión, en la mayoría de los casos, no radica tanto en la exégesis de los textos bíblicos, sino en las derivaciones y las conclusiones hermenéuticas de dichos textos.  Por ejemplo, desde un punto de vista exegético e histórico, todo parece indicar que cuando Jesús celebró la pascua con sus discípulos, e instituyó la “Santa Cena”, lo hizo usando una sola copa (comp. textos paralelos de los evangelios). Nadie pondrá esto en duda. La cuestión es si rompe algún significado el hecho de participar en la Cena con diferentes copas, y si no rompe ningún significado, ¿por qué se ha de usar una sola copa dada la incomodidad y falta de higiene que supone usar una copa sola? Es más: ¿cómo celebrarán la “Santa Cena” en las iglesias formadas por mil o dos mil personas? En cuanto a que el vino tenga que ser sin alcohol, no hay base ni bíblica ni histórica para sacar esa conclusión, más bien todo lo contrario[3]: la cultura mediterránea es conocida por sus buenos vinos, y Palestina era conocida en la antigüedad por sus buenos caldos (no precisamente “mosto” sin alcohol). En cuanto al pan sin levadura, como todo buen lector de la Biblia sabe, fue circunstancial, por la fecha en que se instituyó la “Santa Cena”. Las demás diferencias entre estos dos grupos, suelen ser de la misma naturaleza.

¡Así están las cosas!

¡Estamos divididos en iglesias “conservadoras” e iglesias “liberales”! Es decir, estamos ubicados en diferentes círculos concéntricos religiosos. En esta distancia “teológica”, ¿quiénes son los “denominacionales”, los conservadores o los liberales? ¿O dejamos este término para referirnos a las demás iglesias, las que están fuera del entorno del Movimiento de Restauración?

¿QUÉ APORTA EL MOVIMIENTO DE RESTAURACIÓN, TEOLÓGICAMENTE HABLANDO, A LAS “DENOMINACIONES” PARA PENSAR QUE ES LA ÚNICA Y VERDADERA IGLESIA DE CRISTO?

Las “Iglesias de Cristo”, agrupadas en el Movimiento de Restauración, decimos que hemos “restaurado” la única y verdadera iglesia de Cristo; la iglesia neotestamentaria, la iglesia del primer siglo, etc.[4] ¿Qué hemos restaurado, a la luz del Nuevo Testamento, para hacer esta declaración? Poco más que los siguientes tópicos, algunos muy discutibles, como venimos observando en los boletines de ¡Restauromanía…?:

-El nombre de la iglesia (“iglesia de Cristo” – Romanos 16:16 ).

-La celebración semanalmente de la “Santa Cena” (Hechos 20:7 ).

-El bautismo para la remisión de los pecados (Hechos 2:38 ).

-El culto formado por cinco partes esenciales: Enseñanza, alabanza, partimiento del pan, ofrenda y oraciones (¿Dice el Nuevo Testamento en qué debe consistir el culto?).

-Organización de la iglesia (Ancianos, Diáconos y Predicador-evangelista – ¿Y Pastor? ¿No es bíblico?).

-Autonomía de las iglesias locales.

-Alabanza sin instrumentos musicales (porque en el NT no aparecen – Pero tampoco aparecen templos, pilas bautismales, etc.).

-El pan sin levadura (de la “Santa Cena”).

-El vino sin alcohol (de la “Santa Cena”).

-Condena de asociaciones religiosas conjuntas para la evangelización (porque en el NT no aparecen- Pero el NT tampoco dice que las iglesias se inscribían en el registro del gobierno, ni que los “ministros” tuvieran autoridad civil para realizar matrimonios, etc.).

-Condena de las “Escuelas Dominicales” (porque en el NT no aparecen).

¿Y ya está? ¿En esto consiste la restauración de la iglesia de Cristo? ¿Y qué? Hay  “denominaciones” que practican y enseñan estas mismas cosas y no se creen ni enseñan que son las únicas iglesias verdaderas. ¿Que aceptan ser llamados por otro nombre además de cristianos? Cuando estas iglesias se hacen llamar por otro nombre además del de “cristianos”, lo hacen por unas razones históricas de las cuales no tienen por qué avergonzarse y no están negando por ello su identidad de “cristianos”. ¿Debemos nosotros, inmisericordes, condenarlos y excluirlos de la ciudadanía celestial por tal causa? Cuando enseñamos que el único “nombre”, por el cual debe ser conocido el discípulo de Cristo, es el de “cristiano”, estamos tergiversando este concepto y estamos yendo más allá de lo que la Escritura dice[5].

¿Ha restaurado el Movimiento de Restauración el sacerdocio universal que enseña la Escritura? ¿Acaso no están los miembros de nuestras iglesias relegados a los bancos, limitados a escuchar y a aceptar lo que los Ancianos y Predicadores dicen y deciden? [ruego que me disculpen aquellas iglesias donde esto no ocurra] ¿No hemos mutilado espiritual e intelectualmente a la mujer en nuestras iglesias basados en una interpretación literalista y descontextualizada de la Escritura? ¿Y aún tenemos el valor de llamar a las otras iglesias, que adoran al mismo Señor, de manera despectiva, “denominaciones”? ¿”Denominaciones” porque respetan a la mujer y los dones que el Espíritu Santo le ha dado como a un miembro más del Cuerpo de Cristo? ¿”Denominaciones” porque aceptan llamarse por un nombre que les identifica con una reforma histórica del cristianismo y sufrieron precisamente por ello? ¿”Denominaciones” porque creen y practican unas doctrinas de las cuales están tan convencidos, o más, como nosotros estamos de las nuestras? ¿”Denominaciones” porque no creen ni lo mismo ni de la misma manera que nosotros creemos ciertas doctrinas o mantenemos ciertos principios? ¿Resiste nuestro Movimiento una autocrítica seria y a fondo en todos los puntos doctrinales y los principios que sustentamos a la luz de la Escritura y de la historia?

¿QUÉ JUICIO LE MERECE AL MOVIMIENTO DE RESTAURACIÓN LOS 16 SIGLOS DE CRISTIANISMO “SIN” MOVIMIENTO DE RESTAURACIÓN?

¿Qué pasó con los millones de personas “cristianas” durante casi 16 siglos, hasta que, por fin, la iglesia fue “restaurada” por Campbell y Stone? ¿Perecieron todos porque no fueron bautizados por inmersión? ¿Están condenados porque usaban un órgano musical en los cultos? ¿Perdieron la gracia de estar eternamente con el Señor porque no celebraron la “Santa Cena” con pan sin levadura y vino sin alcohol, y una vez a la semana? ¿…? ¿Cuál fue la verdadera iglesia del Señor durante esos 16 siglos? ¿No dijo el Señor que “las puerta del Hades no prevalecerían contra Su iglesia”? ¿Debemos concluir que sí prevaleció durante esos 16 siglos?

¡CRECIENDO EN SABIDURÍA Y EN HUMILDAD!

¡Cuántas cosas nos quedan por aprender! Necesitamos profundizar en el mensaje del evangelio, que es más que solamente creer, arrepentirse y bautizarse. Esto, obviamente, es esencial para la salvación, pero la salvación (la redención) no tiene solamente una proyección escatológica: tiene una proyección existencial e histórica (“Porque tuve hambre, y me disteis de comer…” –Mateo 25:31-46 ). Necesitamos profundizar en los retos que nuestra sociedad nos pone cada día delante de nosotros, esperando una respuesta. Necesitamos profundizar en los cambios sociales, económicos, políticos… que sufre el mundo y producen cruciales trasformaciones en el entorno de la propia iglesia. Necesitamos crecer en sabiduría del cielo sin desestimar la de los hombres. Necesitamos preguntarnos a nosotros mismos en qué medida estamos actualizando el mensaje del evangelio de acuerdo con los cambios de la sociedad (aquí no me refiero a la divinidad de Cristo o a la proclamación de  “creer, arrepentirse y bautizarse”), en qué medida estamos constituyéndonos en obstáculos del reino de Dios y en qué medida estamos respondiendo al reto de “negociar las minas” que nos ha dado el Señor (Lucas 19:11-27 ).

Pero sobre todo, necesitamos crecer en humildad. Esta humildad no está reñida con el fiel propósito de perseverar en el mensaje del evangelio y defenderlo a través de una valiente apología. Tanto las iglesias que nosotros llamamos “denominaciones” como nosotros mismos, tenemos un mismo y común adversario dialéctico: el materialismo mecanicista disfrazado de muchas maneras. El estilo de vida pagano, presente en diversas formas, que intenta abordar y hacer sucumbir a la iglesia. ¡Ese es nuestro verdadero rival! Derivar a un potencial “miembro” hacia nuestra iglesia, evitando que se una a otra diferente de las del Movimiento de Restauración, porque allí no enseñan la “verdad”, parece más un trabajo de rapiña y de sectarismo que de la genuina vocación de un verdadero evangelista. Sin quitar ningún valor a la apología, deberíamos meditar en el razonamiento del apóstol Pablo: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios” (1 Corintios 3:6 ).

El simple hecho de enseñar a otros que nosotros somos los únicos cristianos verdaderos lleva en sí un dogmatismo sectario. Una frase afortunada, y adornada con no poca humildad, fue la que declaró un líder de una “Iglesia de Cristo” importante por su potencial humano y económico de Texas, EEUU, ya con el Señor: “Yo sé que soy cristiano; pero sé que no soy el único cristiano”. Desde entonces, he guardado esa frase en mi corazón, porque el espíritu de la frase está más cerca de la VERDAD que todas las sentencias argumentadas que apuntan a una exclusividad intransigente.

Por respeto, por sensatez, por sentido común y por humildad, debemos de dejar de llamarnos “cristianos” exclusivos y debemos, por lo mismo, dejar de llamar despectivamente a las demás iglesias “denominaciones”. Si seguimos insistiendo en estos términos, estamos proclamando a los cuatros vientos que somos nosotros los sectarios y los denominacionales. Y podría ocurrir que en Aquel Día, nosotros le digamos al Señor aquello de: “en tu nombre restauramos la alabanza sin instrumentos musicales, la Santa Cena con pan sin leudar, y el vino sin alcohol….” y recibamos por respuesta: “Apartaos de mí hacedores de maldad…”.

 

[1] Recomendamos al lector la lectura de “La historia de la Restauración” por B. J. Humble,  que puede hallar en “Biblioteca de este blog.
[2] Remitimos al lector al artículo “El fundamentalismo” en este blog.
[3] Remitimos al lector al trabajo “Fundamentalismo, hermenéutica y otras jergas” que puede hallar en “Biblioteca” de este blog, donde hacemos una exposición más amplia sobre el tópico del “vino sin alcohol” y el uso de una sola copa.
[4] Sugerimos al lector que consulte el artículo ”¿Una iglesia
no denominacional?” en este blog.
[5] Remitimos al lector al tema ”Sobre el nombre Cristiano” en este blog .

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