Estudios Bíblicos

El movimiento de Restauración y el estatus de la mujer en la Iglesia

La confinación de la mujer al "silencio" y su exclusión de cualquier liderazgo en la iglesia, ¿tiene alguna relación con el estatus que tenía en la sociedad y en la familia del primer siglo, o es el deseo expreso y universal de Dios para ella en cualquier época y lugar geográfico donde se halle la iglesia? ¿Importa el contexto social y familiar en el cual se formularon las admoniciones que limitaban el papel de la mujer, o dichas admoniciones tienen valor al margen de las instituciones sociales y familiares que subyacían en los tiempos bíblicos? ¿Debemos –o podemos- mantener vigentes el estatus de la mujer y el papel que cumplía en la sociedad de aquel tiempo independientemente de los cambios que se han producido en los últimos siglos respecto a la mujer en relación con el varón?...

La exclusión de la mujer en los ministerios de liderazgo en la iglesia no es una exclusiva de las "Iglesias de Cristo", pero sí es un punto doctrinal destacado en nuestro Movimiento. La complejidad del tema no radica solamente en los textos bíblicos, concretamente del Nuevo Testamento, sino en la hermenéutica que se utiliza para llegar esa conclusión. A saber, el literalismo al margen de cualquier elemento contextual hermenéutico. La frase, tantas veces repetidas por maestros de la Biblia, predicadores, etc.,: "lo dice la Biblia", "está en la Palabra de Dios", "Pablo enseña", "Dios dice".... exige a continuación formular las bien conocidas "preguntas" hermenéuticas: ¿Quién lo dice?, ¿A quién se lo dice? ¿Por qué lo dice?, ¿Cuándo lo dice? ¿Dónde lo dice?...

El tema que nos atañe en el presente boletín requiere un desglose en diferentes frentes de estudios para acaparar el más amplio contexto. Por ello, haremos una exposición del entorno social y cultural donde el estatus de la mujer estaba asentado; es decir, conocer cuál era el medio social y cultural al que pertenecía dicho estatus para concretar el significado del texto. A continuación haremos lo propio con los textos paradigmáticos que ponen en evidencia aquel estatus de la mujer en los días del Nuevo Testamento, confrontándolos con otros textos, y contextos, de la misma Escritura cristiana.

Esto nos lleva a considerar los métodos hermenéuticos con los cuales leemos, estudiamos y, en definitiva, hacemos la exégesis del texto bíblico, ya que dependiendo de cuál hermenéutica utilicemos, así será el devenir exegético conclusivo en relación con el estatus social, familiar y religioso de la mujer en la iglesia actual. Dependiendo de cuál hermenéutica usemos llegaremos a la conclusión de si dicho estatus es hoy obsoleto o está vigente en nuestros días. Empezamos, pues, con la hermenéutica.

DOS TIPOS GENERALES DE HERMENÉUTICAS

Esta división dual de la hermenéutica no pretende constituirse en un "nuevo" manual de esta disciplina, sino en una simplificación práctica de cualquier hermenéutica, porque, en el fondo, éstas son las dos formas de leer y estudiar la Biblia hoy: a) la hermenéutica fundamentalista[1], y b) la hermenéutica multidisciplinar.

¿Qué significa esto?

La hermenéutica fundamentalista, en su exégesis, otorga a todos los textos bíblicos el mismo rango de importancia por ser "palabra de Dios". Por lo tanto, además, el texto tiene valor propio independientemente del contexto social, cultural, etc. precisamente porque "es" palabra de Dios.

La hermenéutica multidisciplinar, en su exégesis, como su nombre implica, cuenta primeramente con la crítica del texto bíblico (historia del texto), distingue la naturaleza de los mismos y discrimina su importancia. Es decir, tiene en cuenta el contexto no sólo semántico, sino social, cultural, teológico, etc.

TRES EJERCICIOS HERMENÉUTICOS

EJERCICIO Nº 1

Axioma: La Biblia es la Palabra de Dios.

Interpelación: ¿Pero son todos los textos de la misma naturaleza?

Primer enunciado: "En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra" (Lucas 21:6).

Segundo enunciado: Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Es primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria" (Lucas 2:1-2).

Tercer enunciado: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9).

Observemos que de los enunciados citados más arriba, el primero es profético, el segundo es histórico y el tercero es fundamentalmente doctrinal. ¡No son de la misma naturaleza

EJERCICIO Nº 2

Axioma: La Biblia es la Palabra de Dios.

Interpelación: ¿Pero tienen todos los textos la misma importancia?

Primer enunciado: "Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación" (Colosenses 1:15).

Segundo enunciado: "Y le era necesario pasar por Samaria" (Juan 4:4).

Tercer enunciado: "Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos" (2 Timoteo 4:13).

Observemos aquí que el primero es profundamente teológico, el segundo tiene un contenido geográfico y el tercero no pasa de tener un carácter doméstico y vulgar. ¡No tienen todos los enunciados la misma importancia!

EJERCICIO Nº 3

Axioma: La Biblia es la Palabra de Dios.

Interpelación: ¿Pero están vigentes todos sus enunciados?

Primer enunciado: "Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case. Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace. De manera que el que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor" (1 Corintios 7:36-38).

Segundo enunciado: "Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?" [se trata del velo] (1 Corintios 11:13).

Tercer enunciado: "La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso..." (1 Corintios 11:14-15).

Observemos estas tres costumbres institucionalizadas de la época. La primera tiene que ver con la patria potestad, la segunda con el uso del velo y la tercera con la estética del cabello en la mujer y en el hombre. ¿Deben estar vigentes hoy estas costumbres e instituciones, porque la Biblia lo dice?

CONSECUENCIAS DE ESTAS DOS HERMENÉUTICAS DIFERENTES

Hermenéutica fundamentalista

Por coherencia con su propia filosofía, cada uno de los diferentes enunciados citados más arriba, porque son "palabra de Dios", tienen el mismo valor y supuestamente, por el mismo motivo, tienen la misma vigencia que tuvo cuando se escribieron, independientemente de su naturaleza, de su importancia y su contexto histórico. Es decir, la mujer debería seguir usando el velo, debería dejarse el cabello largo y debería poder ser dada en casamiento por el padre sin el consentimiento de ella, etc.

Hermenéutica multidisciplinar

Por exigencia de las disciplinas adoptadas para su exégesis, el texto adquiere valor según su naturaleza, su importancia y su contexto histórico. Así, por ejemplo, la estética del cabello, hoy, no es la misma que en la época cuando escribió el Apóstol (ni en todos los lugares). El uso del velo no es actual ni su significado está vigente hoy (al menos en la sociedad occidental). La patria potestad, hoy, no permite dar a las hijas en casamiento sin su propio beneplácito a cambio de un valor material estipulado (al menos la patria potestad regulada jurídica y legalmente en Occidente), etc.

¿Qué significa todo esto? Significa que los contenidos que hallamos en la Escritura requiere una hermenéutica que contextualice sus enunciados según su naturaleza, según su importancia y según su contexto histórico y cultural. Por su contenido teológico o doctrinal, unos serán permanentes e invariables (ej. la "cristología"), pero otros tendrán un valor relativo y estarán condicionados por su contexto cultural, social, etc. (ej. la esclavitud). Pues bien, el estatus de la mujer en la Biblia tiene su propio contexto cultural e histórico que condiciona su vigencia.

CONTEXTO SOCIAL Y CULTURAL DEL ESTATUS DE LA MUJER EN LA BIBLIA Y EN EL MUNDO GRECO-ROMANO

Situación social y familiar de la mujer en el Antiguo Testamento.

Mientras vivía en el hogar paterno, la mujer estaba bajo la absoluta tutela del padre, quien tenía incluso potestad de venderla (Éxodo 21:7). Podía ser dada en casamiento cuando el padre creyera oportuno y con el pretendiente elegido por él (1 Samuel 18:17). Al casarse, la mujer venía a ser un objeto más de la posesión del marido como era su asno, su buey o cualquier otra cosa, según queda reflejado en el Decálogo (Éxodo 20:17). La mujer casada podía sufrir la prueba humillante, exigida por el marido, de su probable infidelidad: (Números 5:11-31). Sin embargo, no había nada previsto para el hombre en el mismo caso; del hombre simplemente no se tenía nunca sospecha. Cuando la mujer quedaba viuda, la autoridad paterna pasaba al primogéni to. Si no tenía hijos, debía esperar a que algún pariente quisiera cumplir con ella la ley del levirato; es decir, que un cuñado la tomara por esposa (Deuteronomio 25:5-10).

Situación social y familiar de la mujer en el judaísmo del tiempo del Nuevo Testamento.

La situación de la mujer en el judaísmo del tiempo de Jesús era prácticamente la misma que en todo el Oriente. Su formación se limitaba al aprendizaje de las tareas del hogar, coser, tejer, lavar, cocinar, criar a los niños, atender al marido, etc. Existía un total parangón entre la "adquisición" de la mujer y la de la esclava: "La mujer se adquiere por dinero, contrato y relaciones sexuales". Asimismo, la esclava se adquiere por dinero, contrato y toma de posesión (consistente, respecto a la esclava, en realizar para su nuevo dueño un servicio propio de los deberes de la esclava)[2].

Desde un punto de vista jurídico, la esposa se distinguía de una esclava en primer lugar porque conservaba el derecho de poseer los bienes (no disponer de ellos) que había traído de la casa paterna como bienes extradotales, si bien el marido podía gozar del usufructo de estos bienes; en segundo lugar, por la seguridad que le daba el contrato matrimonial, pues éste fijaba la suma que había que pagar a la mujer en caso de separación o de muerte del marido. Las concubinas tampoco tenían este contrato[ La mujer podía ser repudiada por el marido con las garantías mínimas basada en la propia Ley (Deuteronomio 24:1). Y mientras que el hombre tenía derecho de pedir el divorcio por motivos triviales (quemársele la comida o gritar muy alto la mujer), a ella se le permitía pedir el divorcio en tres casos tipificados:

a) cuando el marido ejercía el oficio de recogedor de basura;

b) cuando el marido era fundidor de cobre; y

c) cuando el marido era curtidor de pieles. La mujer podía alegar: "Creía que lo podía soportar, pero ahora ya no puedo"[4]. Salvo en el estado de viudez o de divorcio, la mujer carecía de solvencia individual. Estaban absolutamente bajo la tutela del padre o bajo la autoridad del marido, quienes podían validar o invalidar cualquier decisión tomada previamente por la hija o la esposa respectivamente (Números 30). Las afirmaciones de algunos rabinos hacen patente la condición de la mujer en Israel: "Mejor fuera que desapare­ciera en las llamas la Torá antes que le fuera entregada a las mujeres"[5]. No obstante, hubo mujeres que tuvieron un protagonismo de liderazgo en la historia del pueblo de Israel; pero se debió más por su valía personal que por el estatus social que la sociedad les daba (Jueces 4 y 5).

Normalmente, la desposada, todavía muy joven, iba a vivir con la familia del esposo, lo cual significaba para la joven esposa soportar el penoso deber de convivir en una comunidad familiar que le era extraña y, a veces, con sentimientos hostiles de parte de la madre, de las hermanas y de las concubinas del propio esposo[6]. La parcialidad jurídica hacia la mujer, en los tiempos de Jesús, se puede apreciar en el caso de acusación de adulterio que relata el evangelista. Detuvieron a la mujer supuestamente sorprendida en el acto mismo del adulterio, pero dejaron libre al hombre, que también era convicto por la misma ley en el mismo delito (Juan 8:1-11; Levítico 20:10).

Situación social y familiar de la mujer griega y romana.

La situación de la mujer en el mundo griego en el tiempo del Nuevo Testamento era similar al del judaísmo. La tutela del padre o del marido bajo la cual se hallaba la mujer hebrea y, por lo tanto, su insolvencia, encuentra su parangón en el Derecho romano, bajo el cual la mujer que no estaba sometida al paterfamilias, ni bajo la autoridad del marido, necesitaba un tutor que, si bien no le correspondía cuidar de la persona de la mujer, ni de las gestiones de sus bienes, sí debía intervenir en su nombre en los procesos y en los negocios[7]

Sin embargo, en Roma, la mujer casada, aun cuando ocupaba un lugar secundario en la familia, dirigía la casa y no vivía recluida en un harén como las mujeres griegas y judías. La mujer romana salía de la casa, acompañada, y participaba, sentada, en las comidas de los hombres (algo impensable en la familia hebrea). También aparecía en la vida pública, especialmente en la celebración de ciertos cultos reservados a las mujeres casadas[8].

¿Es esta situación, de la cual se derivan las admoniciones neotestamentarias, la que debemos mantener vigentes en la iglesia hoy? Quienes mantienen la validez de las admoniciones paulinas, ¿no se dan cuenta que éstas están interrelacionadas con el estatus y el papel social de la mujer de aquella época de la historia? ¿No se dan cuenta estos exegetas que esa misma hermenéutica les obliga a mantener vigentes otras instituciones como puede ser la esclavitud o la patria potestad absoluta del padre?

EL VELO: UNA "SEÑAL" DEL ESTATUS DE LA MUJER EN EL JUDAÍSMO NEOTESTAMENTARIO (Y EN LA IGLESIA)

Significado estético

Parece ser que la tradición en Oriente de ocultar la cara de la mujer tras un velo tiene su origen en una ley asiria del año 1200 a.C[9]. Los primeros datos en la Biblia respecto al uso del velo lo hallamos en la historia de Isaac. Cuando el hijo de la promesa se acercaba a la comitiva donde venía Rebeca, y el criado de Abraham le informó a ésta que se trataba de Isaac, Rebeca "entonces tomó el velo, y se cubrió" (Génesis 24:65). En los días de Jesús, cuando la mujer judía de Jerusalén salía de casa, llevaba la cara cubierta con un tocado que comprendía dos velos sobre la cabeza, una diadema sobre la frente con cintas colgantes hasta la barbilla y una malla de cordones y nudos; de este modo no se podían reconocer los rasgos de su cara[10]. En los círculos más legalistas de la época del Nuevo Testamento, las mujeres y las hijas doncellas quedaban encerradas en los harenes y sólo podían mostrarse en público cubiertas con un velo. Y las mujeres más extremistas se cubrían incluso estando en el hogar. La madre Kimhit, que había tenido siete hijos, que todos fueron sumos sacerdotes, reconoce: "Jamás vieron mis trenzas las vigas de mi casa" (TB Yomá 47ª)[11]

Significado legal

"Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza" (1 Corintios 11:8-10).

Primeramente, decir que la sumisión de la mujer al hombre, ya sea al padre o al marido, está implícito en el tipo de familia patriarcal. El padre es "señor" de todo cuanto depende de él personalmente, de vida o muerte, o pertenece al ámbito del hogar en el cual él es el jefe único e indiscutible (Jueces 11:30-39). De ello se deduce que el estatus de la mujer es una consecuencia de esta institución social y familiar vigente tanto en el mundo griego como en el judaísmo en los días del Nuevo Testamento. El cristianismo simplemente recogió el testigo de esa cultura e hizo la misma exégesis rabínica tal como leemos en los textos del Nuevo Testamento (1 Corintios 11:8-9; Efesios 5:22-24; Colosenses 3:18; 1 Pedro 3:1).

En segundo lugar decir que, según el texto que estamos considerando, el uso del velo iba más allá de una simple y tradicional costumbre de los pueblos de Oriente Medio relacionado con el pudor. Como veremos enseguida, tras la imposición del velo subyacía un sometimiento y dominio del hombre sobre la mujer, de los cuales el velo era una "señal".

De la apología de 1 Corintios 11:2-15 se deriva lo siguiente:

a) El velo era una "señal" de la autoridad que el marido tenía sobre la mujer (vs.7-10).

b) Esta autoridad venía impuesta por la jerarquía de género (vs. 3-5).

c) Ante la osadía que mostró la mujer cristiana de Corinto al prescindir del velo, el apóstol, irónicamente, le sugiere que se rape también la cabeza, o si no, que se cubra (v.6).

d) Según el argumento de Pablo, la "naturaleza" misma convertía el cabello largo en un símbolo del velo que debía usar la mujer para cubrir su cabeza. (vs. 14-15).

e) Pablo apela al sentido común de los corintios como argumento persuasivo: "Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?" (v.13).

¿Cuándo se introdujo esta enseñanza explícita del velo o cómo evolucionó su doctrina en el judaísmo? ¿Cuándo vino a significar el velo la sumisión de la mujer al hombre? Porque 1 Corintios 11:2-15 es el único texto en toda la Biblia que relaciona el velo con dicha sumisión.

Independientemente de cuándo tomó el velo este significado, lo cierto es que en los días del Nuevo Testamento esta doctrina estaba bien desarrollada y consensuada en el judaísmo, y Pablo, como hemos visto, la apoya. Sin embargo, un estudio crítico de esta doctrina, desde un punto de vista sociológico y religioso, nos llevaría a las siguientes y legítimas consideraciones:

¿Era el estatus social y familiar de la mujer en los días del Nuevo Testamento una consecuencia de la doctrina de la jerarquía de género, o dicho estatus era la causa de dicha doctrina sobre la cual se basaba la jerarquía? Si el estatus de la mujer era una consecuencia de la jerarquía, entonces debemos deducir que dicho estatus debe estar vigente siempre que la jerarquía también lo esté. Por el contrario, si el estatus de la mujer es la causa de dicha jerarquía, entonces esta jerarquía debe ser revisable a la luz de las diferentes culturas y, sobre todo, a la luz, hoy, de los Derechos Humanos, que le otorga a la mujer un estatus idéntico al del varón.

Más aún: dicho estudio vendría a confirmarnos que el establecimiento de esta jerarquía de género no estaba al margen de la institución social y familiar de signo patriarcal, de donde se deriva el estatus de la mujer. Es decir, el estatus institucionalizado de la mujer es el que marca el espacio social y religioso de dicha jerarquía, y como consecuencia la degradación jurídica de la personalidad de la mujer. Y todo este conglomerado legal, social y religioso, en el que se encontraba la mujer, particularmente en el judaísmo, vino a estar simbolizado en una prenda de vestir: el VELO.

Así, pues, dependiendo de la vigencia que demos a esta institución (el patriarcado y sus consecuencias), tenemos tres alternativas:

a) Mantener vigente la institución sobre la cual se fundamenta el estatus de la mujer, negándole la personalidad jurídica que las leyes civiles le reconocen (¿incluido el velo como señal de sumisión?), o

b) Reconocer y aceptar los derechos de género de los que goza la mujer actual basados en los Derechos Humanos, los cuales otorga a la mujer personalidad jurídica en todos los ámbitos de la vida pública, o

c) Reconocer lo expuesto en el punto b), excepto en el entorno de la iglesia donde la mujer entra en el mundo del antiguo patriarcado (¿con la vigencia del velo en la iglesia?).

¿Con cuál de las anteriores alternativas nos quedamos desde el lema de "hablar donde la Biblia habla y callar donde la Biblia calla”? ¿Debemos mantener vigente el estatus de la mujer que impone la jerarquía de género y el velo como "señal" de dicha jerarquía tal como enseña el texto bíblico?

¡ESTA ES LA CUESTIÓN!

Esta situación social, familiar, religiosa y legal de la mujer es la que hallamos en la Escritura. Dicho de otra manera: la Escritura, en cuanto testimonio literario histórico del pueblo judío, nos informa que esa era la condición en que se encontraba la mujer en aquella sociedad. Como, igualmente, nos informa de la esclavitud, de la poliginia, de la venganza institucionalizada, de la ley del talión y de otras muchas instituciones de rango menor que regulaban la vida de la sociedad judía en su devenir histórico.

Y esta situación social, familiar, religiosa y legal es el trasfondo de las admoniciones que encontramos en el Nuevo Testamento: "no permito a la mujer enseñar" (1 Timoteo 2:12), "vuestra mujeres callen en las congregaciones; porque no le es permitido hablar..." (1 Corintios 14:34), "Por lo cual mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza..." (1 Corintios 11:10), etc.

¿Significa que deben estar vigentes estas instituciones, incluido el estatus de la mujer como una institución más, por el simple hecho de que la Biblia lo recoge en sus páginas? ¿No significa nada los cambios legales, jurídicos, religiosos, sociales, familiares, etc. que se han producido en el transcurso de dos mil años?

CONTEXTO INTERNO BÍBLICO EN TORNO AL ESTATUS DE LA MUJER

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción". (1 Timoteo 2:11).

La lectura llana ofrece pocas dudas. Se repite dos veces la palabra "silencio". La mujer debe "estar" y "aprender" en la iglesia "en silencio". Pablo añade escribiendo a los corintios: "Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación" (1 Corintios 14:34-35)

Adan Clarke dice comentando 1ª Corintios 14:34: "Es evidente según el contexto que el apóstol se refiere aquí a hacer preguntas, y lo que nosotros llamamos dictaminar en las asambleas. A cualquier hombre se le permitía hacer preguntas, objetar, altercar, intentar refutar, etc. en la sinagoga; pero esta libertad no se le permitía a ninguna mujer. Pablo confirma esto en referencia también a la iglesia".[12]

Junto con otros, este es uno de los textos que las Iglesias de Cristo esgrimen para mantener a la mujer excluida de responsabilidades notorias en la vida eclesial, como la dirección, la enseñanza y cualquier actividad que suponga protagonismo en la vida pública de la iglesia. Y todo esto fundamentado en estas aisladas declaraciones de Pablo. En la práctica, el alcance de estos textos, depende de la condescendencia de los líderes varones de la iglesia local, faltando a la coherencia hermenéutica, muchas veces, cuando a la mujer se le permite desarrollar una actividad prominente en la iglesia.

¿ENTONCES?

A parte del contexto social y familiar, que ya hemos apuntado más arriba, ¿cómo armonizamos este precepto paulino con aquellos otros testimonios donde vemos que la mujer participa libremente en el contexto de la iglesia bien orando o bien profetizando (1 Corintios 11:5)? ¿Dónde ejercían sus dones de profecía las hijas de Felipe (Hechos 21:8-9)? El que profetiza, ¿no habla "a los hombres para edificación, exhortación y consolación" (1 Corintios 14:3-4)?

Adan Clarke, comentado 1 Corintios 11:5, continúa diciendo que "cual quiera que sea el significado de orar o profetizar, con relación al hombre, tiene precisamente el mismo significado para la mujer. De manera que algunas mujeres por lo menos, así como algunos hombres, pueden hablar a los demás para edificación, exhortación y consue lo."[13]

RAZONEMOS ESTO:

Si era absolutamente indecoroso que una mujer hablara en la congregación, entonces debemos colegir que el hecho en sí, que la mujer orara y profetizara en la iglesia de Corinto, se constituía en un indecoro permitido (¡porque la mujer oraba y algunas, al menos, profetizaban en la congregación!). Pero en ningún lugar de las cartas de Pablo, ni en el resto del Nuevo Testamento, encontramos una referencia que indique que la mujer puede orar o profetizar como algo excepcional, más bien al contrario: las mujeres que aparecen en el Nuevo Testamento desarrollan y ejercitan sus dones con total naturalidad y libertad. Pablo mismo enumera una serie de mujeres a las cuales reconoce y encomienda por su "trabajo en el Señor" y las cuenta entre sus "colaborado res": Priscila, María, Trifena, Trifosa, Pérsida, Evodia, Síntique, etc.(Romanos 16:3, 12; Filipenses 4:3)

Si el indecoro al que Pablo se refiere no es absoluto, sino local y circunstancial, entonces debemos entender que la prohibición de hablar se debía a una participación desacertada e inoportuna de algunas mujeres en la congregación, pero no de todas las mujeres en todo lugar y en todo tiempo, ¡la primera carta de Pablo a los corintios tiene como contexto ineludible, primero, la comunidad de Corinto y las circunstancias de aquella iglesia; Y segundo, la situación social y familiar bajo la cual vivía la mujer tanto en la cultura judía como en la grecorromana!

¿Marginamos a este silencio bíblico a toda mujer independientemente de su formación académica, bíblica y teológica porque en los días del Nuevo Testamento esa era su condición social y religiosa?

"Porque no permito a la mujer enseñar" (1 Timoteo 2:12)

Como es fácil deducir de la subordinación de la mujer al hombre, que exigía el estatus de ella en los días de Pablo, obviamente no cabe bajo esa perspectiva que una mujer "enseñara" a un colectivo donde había varones, toda vez que enseñar implica y otorga cierto tipo de autoridad moral al que enseña. Bajo aquel estatus social y familiar, sin duda alguna, la función de instruir correspondía normalmente al hombre. Este es el punto de vista exegético que aplica el Movimiento de Restauración siguiendo el lema "hablar donde la Biblia habla".

¡PERO HUBO EXCEPCIONES Y, POR LO TANTO, "HECHOS APROBADOS"!

PRISCILA, una maestra ocasional del evangelio (Hechos 18:26)

Es importante el orden en que se cita a esta pareja. De las seis veces que aparecen en el Nuevo Testamento, en cuatro Priscila figura en primer lugar (Hechos 18:2,18, 26; Romanos 16:3; 1 Corintios 16:19; 2 Timoteo 4:19) Aparte del orden en que son citados, que no carece de significación, Lucas dice explícitamente que "cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios [a Apolo]" (Hechos 18:26) La forma plural del verbo, "tomaron" y "expusieron" implica directamente a la misma Priscila en dicha "exposición más exacta del camino de Dios". Una mujer enseñando a un hombre de la talla de Apolo y habiendo otro hombre presente para enseñarle, el marido de Priscila.

Sabemos que este matrimonio reunía en su casa una iglesia (1 Corintios 16:19), y sabemos además que Priscila y Aquila eran "colaboradores" de Pablo (Romanos 16:3-4) ¿Prohibiría Pablo a una mujer como Priscila que enseñara la verdad del Evangelio, privada o públicamente, como ésta lo había hecho con Apolos? Lucas escribe sobre este episodio y no deja ninguna nota de desaprobación (Hechos 18:24-28).

¿Qué significa: "mis colaboradores en Cristo Jesús"? (Romanos 16:3)

Este término -"colaborador"- que Pablo usa en Romanos 16:3 respecto a Priscila y Aquila es el mismo que usa para referirse a Timoteo (1ª Tesalonicenses 3:2), a Marcos, Aristarco, Demas y Lucas (Filemón 24) Y en estos casos los colaboradores eran personas que hacían el mismo trabajo que Pablo: predicar y enseñar.

Aparte de Priscila y Aquila, Pablo envía saludos a mujeres que estaban entregadas al servicio del Evangelio. Algunas de estas mujeres habían sido "colaboradoras" de Pablo, y otras "trabajan en el Señor" (Romanos 16:3-4, 6, 12) Obviamente, "trabajar en el Señor" es una indicación de la actividad que desarrollaban en y para el evangelio ya fuera docente o pastoral. El mismo Pablo hace una referencia de la abuela y de la madre de Timoteo reconociéndolas como "maestras" aprobadas y eficaces: "trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice... pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras.." (2 Timoteo 1:5; 3:14-15)

¿Qué significa "trabajar en el señor?". (Romanos 16:12)

Ciertamente, la frase puede ser muy amplia en su contenido; pero conocer cómo y cuándo Pablo utiliza esta expresión puede ayudarnos en este tema.

Por ejemplo, Pablo utiliza la palabra "trabajar" 27 veces en diferentes formas verbales en sus cartas. La usa una vez referida al servicio del sacerdote en el templo (1 Corintios 9:13); una vez figuradamente (2 Timoteo 2:6); nueve veces referidas al trabajo secular (1 Corintios 4:12; 9:6; Efesios 4:28; 1 Tesalonicenses 2:9; 4:11; 2 Tesalonicenses 3:8, 10,11,12); dos veces referidas al trabajo testimonial colectivo de la iglesia (1 Corintios 15:58; 1 Tesalonicenses 1:3) y catorce veces referidas al trabajo misionero (Romanos 16:6, 12; 1 Corintios 15:10; 16:10, 16; 2 Corintios 10:15; 11:23, 27; Gálatas 4:11; Filipenses 2:16; Colosenses 1:29; 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 4:10; 5:17).

De estas catorce veces que la utiliza referidas al trabajo misionero, seis veces se refiere al trabajo específico que llevaban a cabo: a) Timoteo (Timoteo 1 Corintios 16:10, 16); b) los que presidían en la iglesia de Tesalónica (1 Tesalonicenses 5:12); c) los Ancianos en la iglesia de Éfeso (1 Timoteo 5:17) y d) tres mujeres: María (Romanos 16:6), Trifena y Trifosa (Romanos 16:12).

¿ENTONCES?

¿Por qué cuando se refiere a Timoteo, a los que presidían en la iglesia de Tesalónica y a los Ancianos de la iglesia en Éfeso, significa trabajo evangelístico y/o pastoral y cuando se refiere a las mujeres debemos obviar que se trata de un trabajo doméstico en la iglesia, como barrer, limpiar o poner la mesa?

¿No es más honesto concluir que cuando Pablo dice que estas mujeres "trabajaban en el Señor" es porque llevaban a cabo un trabajo similar al que Timoteo y los demás varones desarrollaban? ¿Cómo, entonces, armonizar esta "colaboración" con el trabajo apostólico y este "trabajo en el Señor" para -y en- la iglesia con la prohibición de 1 Timoteo 2:11-12?

A pesar de este contexto bíblico y semántico, ¿debemos excluir de la docencia a la mujer no importa qué formación haya adquirido tanto bíblica, pedagógica y teológica? ¿Debemos, como consecuencia, impedir que la mujer se forme en estas disciplinas, o limitar su campo docente al grupo femenino? ¿Quebrantaríamos un mandamiento divino si voluntariamente los varones asistimos a una clase bíblica dirigida y expuesta por una mujer? En definitiva: ¿debemos mantener vigente el estatus en el que vivía la mujer en el siglo primero?

"Y él se enseñoreara de ti" (Génesis 3:16).

La primera observación que debemos hacer en este texto tiene que ver con su cronología. Cuando la Biblia dice que Dios creó a la mujer, no dice que la haría para que el hombre se "enseñoreara" de ella, sino, "le haré ayuda idónea para él" (Génesis 2:18). Respecto a este texto, algunos exegetas olvidan que la otra información bíblica dice: "creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó" (Génesis 1:27). Es decir, creó al HOMBRE como individuo tanto varón como hembra. Cuando el Génesis habla de señorío se refiere al que habrían de tener Adán y Eva respecto a los animales y al resto de la creación: "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó" (Génesis 1:26-27).

En primer lugar, tanto Adán como Eva eran "corregentes" de Dios para enseñorearse del resto de la creación. Ninguno de ellos se enseñoreaba del otro. En segundo lugar, debemos observar que el "señorío" del hombre sobre la mujer acontece DESPUÉS de la caída. Que este enseñoramiento no tiene relación con la subordinación que se desprende de la jerarquía de 1 Corintios 11:3 y Efesios 5:23-24 se ve en que:

a) En ningún lugar de la Escritura se cita Génesis 3:16 como argumento para afirmar la subordinación de la mujer. El argumento que se cita para dicha subordinación es que Adán fue creado primero, luego Eva (1 Corintios 11:8-9; 1 Timoteo 2:13).

b) Este enseñoramiento de Génesis 3:16 es antitético con las enseñan zas evangélicas que tienen que ver con la relación hombre-mujer: "Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia... Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida... cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor... Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Efesios 5:28-31; 1 Pedro 3:7; 1 Tesalonicenses 4:4; Gálatas 3:28)

c) Este enseñoramiento de Génesis 3:16, por el contrario, pone en evidencia el egoísmo del varón sobre la mujer cuya situación de desigualdad está patente en el marco social y familiar del patriarcado judío.

Luego el "señorío" de Génesis 3:16 no es una situación creada por un designio divino, sino una consecuencia más del primer pecado, como fueron los dolores de la preñez, la maldición de la tierra, la muerte, etc. (Génesis 3:16-19) Cuando todo esto ocurrió, Dios no dijo que aquello "era bueno". Por otro lado, la ética del Sermón del Monte, testamento espiritual de Jesucristo, se opone a cualquier actitud que conlleve algún tipo de dominio ya sea físico o moral del hombre sobre la mujer. En el Reino de Dios no hay varón ni hembra, sino hermanos y hermanas en Cristo Jesús.

"Las casadas estén sujetas a sus propios maridos" (Efesios 5:22).

Ya lo hemos dicho: el espacio que ocupa la mujer en el contexto bíblico es de subordinación total al hombre en todos los planos de la vida: doméstico, social y eclesial. El silencio de la mujer en la iglesia, por lo tanto, es una simple derivación de esa subordinación, cuya señal externa es el velo (1 Corintios 11:8-10). Pablo sigue el argumento de la subordinación: "porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia..." (Efesios 5:23). De esta lectura, siguiendo el lema de "hablar donde la Biblia habla", se deduce que aquel estatus social y familiar que tenía la mujer en el tiempo del Nuevo testamento debe estar vigente hoy. Porque "la Biblia lo dice".

Pero el texto que estamos considerando tiene un contexto más amplio en la carta de Pablo. Las exhortaciones del Apóstol, en esta unidad literaria, tiene como fondo tres instituciones sociales y familiares de aquel tiempo: el Matrimonio (5:22-33), la patria potestad (6:1-4) y la esclavitud (6:5-9). El hecho de que el Apóstol evoque estas tres instituciones debería arrojar luz a nuestra exégesis. Sin duda eran las tres instituciones que aglutinaba toda la vida social y familiar de aquella época. Pero, ¿por qué aborda Pablo estas tres esferas de relaciones por vía de exhortación? ¿Había alguna necesidad de ello? ¿Existían problemas de relaciones personales en el marco de estas instituciones? ¿Quiénes eran los agraviados en estas instituciones? Sin duda eran las mujeres, los hijos y los esclavos. El Apóstol no se opone a ninguna de estas instituciones, no procedía; pero sí arroja una nueva luz sobre ellas introduciendo un nuevo concepto a la luz del evangelio.

La mujer.

Primeramente, el evangelio brindó a la mujer la dignidad que las instituciones le habían negado durante milenios: su personalidad jurídica. Para que la iglesia entendiera esto han tenido que pasar muchos siglos. A pesar del verbo "sujetar", el Apóstol está exhortando al marido a que "ame" a su mujer: a) Como así mismo y b) Como Cristo amó a su Iglesia. Le está diciendo que desde ahora la mujer ya no es una propiedad suya, sino una parte de sí mismo, es su propia carne. Esto introducía un nuevo concepto en la relación marido-mujer. Pablo, igual que haría Jesús (Mateo 19:4-5), se remitió al principio de la creación, se remitió al propósito original de Dios para la pareja: "dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne" (Génesis 2:24) La esposa ahora dejaba de ser una cosa marginal del proyecto de vida del marido y se convertía en una parte co-igual de dicho proyecto. Adquiría, al menos moralmente, la personalidad jurídica conjuntamente con su marido. Además, éste debía "amar" a su esposa "como" Cristo había amado a su Iglesia. Esta forma de "amar" era una actitud de entrega por ella, y no de despotismo hacia ella. Dando su propia vida por ella, y no usándola para su propia vida. Este concepto nuevo debió de sonar muy fuerte para los maridos creyentes de Éfeso. También les pareció muy fuerte a los discípulos de Jesús: "si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse" (Mateo 19:10).

Cuando hacemos exégesis de la "sujeción de la esposa al marido", ¿tenemos en cuenta estos dos elementos contextuales: a) el estatus de la mujer de la época y b) el nuevo sentido de la admonición del Apóstol?

El hijo.

El tipo social y familiar judío era de signo patriarcal; es decir, todo giraba en torno al padre, que era el jefe de la familia. Su autoridad era de vida y muerte. La ley del Sinaí reconoce y legitima esta potestad sobre los hijos para cuyo ejercicio más severo de disciplina sólo necesitaba hacerlo público ante las personas más representati vas de la comunidad: "Si alguien tiene un hijo desobediente y rebelde... sus padres le llevarán ante el tribunal de los ancianos de la ciudad, y les dirán: Nuestro hijo es desobediente y rebelde... Entonces todos los hombres de la ciudad lo matarán a pedradas" (Deuteronomio 21:18-21 DHH). Los derechos del pater familias en el derecho romano gozaba de los mismos atributos. Sin embargo, Pablo exhortó con mucha delicadeza a los padres para que éstos cambiaran su actitud despótica hacia sus hijos por una "disciplina y amonestación del Señor". Esto podría parecerles una pérdida de sus atribuciones legales, pero esa era la dinámica que el evangelio iría introduciendo dando fruto a lo largo de los siglos. Hoy, la patria potestad está regulada por las leyes en todos los países civilizados. Si el Apóstol escribiera hoy su epístola, sin duda, su exhortación estaría encuadrada con las leyes actuales.

¿Debemos, o podemos, mantener vigente hoy la patria potestad sin límites, tal como estaba regulada en los días del Nuevo Testamento?

El esclavo.

Esta institución fue abandonándose muy lentamente en la historia de la iglesia. No obstante, por el concepto de la "nueva vida en Cristo", los vínculos sociales entre amos y esclavos convertidos al evangelio adquirieron una dimensión diferente, como se desprende de la carta a Filemón: "para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado" (Filemón 16); y por causa de la dignidad que el evangelio otorgaba al individuo, se fomentaba la libertad individual (1 Corintios 7:21)[14]. Pero la iglesia primitiva aceptó esta institución y a los esclavos se les exhortó a ser obedientes a sus amos (Efesios 6:5; Colosenses 3:22; Tito 2:9-10; 1 S. Pedro 2:18).

En la época de Campbell, la esclavitud estaba vigente en el sur de los Estados Unidos y el restaurador no vio ninguna contradicción con las enseñanzas de las Escrituras. Al contrario, justificaba dicha institución con la Escritura según atestigua en una carta dirigida a Cyrus M´Nealy fechada el 11 de agosto de 1841. Para ello cita Génesis 9: 25, 27; 17: 12, 13; Éxodo 20: 17, entre otros textos más. En un párrafo de su contestación a Cyrus M´Nearly, donde éste comentaba que la esclavitud era "pecaminosa en extremo", Thomas Campbell le replica:

"Por lo tanto, querido Cyrus, aquí tienes mi investigación y conclusión práctica de la doctrina de la esclavitud en la Biblia. Pero aún así, todas mis premisas no admiten tu conclusión o mejor dicho tu suposición, que "la esclavitud es pecaminosa en extremo". Al contrario, como muchos otros males temporales, parece ser una consecuencia y castigo del pecado – un castigo añadido a la sentencia original, "comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas al polvo de la tierra". No se puede negar el hecho de que este castigo añadido, como la sentencia primitiva, haya sido el origen de muchos males. Pero tampoco se puede negar que igualmente éste haya sido el origen de mucho bien, si se considera su efecto beneficioso tanto en la edad patriarcal como en la judía, mientras que el conocimiento y la adoración del Dios verdadero estaba limitado mayormente a los santos patriarcas y a los descendientes del pacto, la nación judía".[15]

El comienzo y el final de esta unidad literaria (Efesios 5:21 - 6:9) es significativo: Pablo empieza diciendo: "someteos los unos a los otros", sin discriminación alguna, ya sean padres o hijos, amos o esclavos, esposas o maridos. Y termina diciendo: "y para él (Dios) no hay acepción de personas" (Efesios 5:21; 6:9). Nosotros debemos preguntarnos: ¿Mantenemos en vigor estas instituciones, entrados ya en el siglo XXI, porque las hallamos en la Biblia, la Palabra de Dios?

EL ESPÍRITU SANTO Y EL ESTATUS DE LA MUJER

Un aspecto al que se le presta muy poca atención es a la liberalidad del Espíritu Santo en el reparto de los dones según Su voluntad ("como él quiere" - 1 Corintios 12:11).

En las listas de los dones (Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:8-11; Efesios 4:11-12; 1 Pedro 4:10-11) está implícito que dichos dones no eran exclusivos para los varones, al contrario, está implícitamente enunciado que los mismos eran otorgados "a cada uno en particular", y miembros necesarios ["el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos"] para formar el Cuerpo de Cristo, que es la iglesia (1 Corintios 12), ¿o lo que dice Pablo en 1 Corintios 12:28-31 es exclusivamente para los varones de la iglesia? ¡Las mujeres están incluidas implícita o explícitamente en todos los textos que tienen que ver con los dones del Espíritu Santo!

Sabemos positivamente que el Espíritu Santo dio dones de profecía a las "cuatro hijas doncellas" de Felipe (Hechos 21:8-9). Y también sabemos que, al menos algunas mujeres, en la iglesia de Corinto, además de orar, profetizaban (1 Corintios 11:5). Luego sabemos que el Espíritu Santo no hizo acepción de personas ni tuvo en cuenta el estatus que las instituciones sociales y familiares imponía a la mujer por ser mujer. Más bien el Espíritu Santo eliminó las diferencias de géneros que las instituciones sociales y familiares todavía mantuvo durante muchos siglos en la iglesia.

(Para una ampliación de este tema, remitimos al lector al artículo "¿Primera reivindicación de la mujer en la iglesia?" ).

A MODO DE CONCLUSIÓN: LA ACTITUD DE JESÚS, UN "EJEMPLO APROBADO"

Jesús dialogó con la mujer.

Hoy carece de relevancia el hecho de que un hombre dialogue con una mujer, pero en el tiempo y en la sociedad en que vivió Jesús esto fue algo sorprendente. El evangelista Juan dejó patente esta singularidad de Jesús: "En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer" (Juan 4:27). La mujer judía debía pasar inadvertida en público. Uno de los más antiguos escribas que se conoce, Yosé ben Yojanán de Jerusalén (hacia 150 a.C.) dijo: "No hables mucho con una mujer", y añade: "de tu propia mujer, pero mucho más de la mujer de tu prójimo"[16]. Las reglas de la buena educación de aquella sociedad prohibía encontrarse a solas con una mujer, o mirar a una mujer casada, saludarla, etc. Para cualquier alumno de teología, hablar con una mujer en la calle era un deshonor. Filón, filósofo judío, decía que "mercados, consejos, tribunales, procesiones festivas, reuniones de grandes multitudes de hombres, en una palabra: toda la vida pública, con sus discusiones y sus negocios, tanto en la paz como en la guerra, está hecha para los hombres"[17]. No hay duda que Jesús rompió esta regla respecto al otro sexo. Es cierto que esta mujer de Juan 4 era samaritana y, posiblemente, de dudosa reputación, por aquello de que "cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido" (Juan 4:18); pero las reglas de pudor de Samaria, respecto a la mujer, eran las mismas que en el resto del país; y en todo caso aquí no se cuestiona la liberalidad de la mujer, sino la de Jesús: él le dirigió la palabra y dialogó con ella con toda naturalidad, cosa que ningún rabino de aquella época hubiera hecho. Los evangelios narran muy variados acontecimientos donde son protagonistas mujeres en la proximidad de Jesús. En todos los casos, aunque fueron ellas las que se acercaron a él para pedirle algo, Jesús nunca las evadió, al contrario las recibió, las escuchó y las concedió aquello que pedían. A la mujer que llevaba dieciocho años padeciendo flujo: "Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado" (Mateo 9:20-22); a la mujer cananea: "Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres" (Mateo 15:28); de la mujer que derramó su perfume de gran precio, comentó: "¿Por qué molestáis a esta mujer?... De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella" (Mateo 26:6-13). Tuvo elogios hacia una mujer a la cual todos juzgaban por su reputación: "Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies... Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz" (Lucas 7:44-50). A una mujer que andaba encorvada desde hacía dieciocho años, "cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios". Reprochando la hipocresía de un principal de la sinagoga, por haber curado a esta mujer en sábado, dijo respecto de ésta: "Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?” (Lucas 13:10-16).

Jesús adoctrinó a la mujer

La formación de la mujer judía se limitaba al aprendizaje de los trabajos domésticos, coser y tejer particularmente, y del cuidado de los hermanos pequeños. Respecto a la posible enseñanza de la Torá a la mujer, algunos rabinos habían dicho que "quien enseña a su hija la Torá (la Ley), le enseña necedades... Mejor fuera que desapare ciera en las llamas la Torá antes que les fuera entregada a las mujeres"[18] A la mujer samaritana, Jesús no sólo le dirigió la palabra y mantuvo un diálogo con ella, sino que dicho diálogo se convirtió en una clase de teología en toda regla. No hay duda que Jesús controló desde el primer momento la conversación. Primero provocó el diálogo pidiendo un poco de agua: "Dame de beber"; En segundo lugar creó un estado de perplejidad a la mujer: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva". En tercer lugar, de la perplejidad la condujo a la inquietud más profunda: "cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna". En cuarto lugar, Jesús tocó el lado más sensible y, quizás, más punzante de la mujer: "Ve, llama a tu marido". A partir de aquí, Jesús se extiende en el diálogo contestando las preocupaciones de carácter doctrinal e histórico de la mujer samaritana, dónde había que adorar a Dios, de dónde venía la salvación, etc. La petición de un poco de agua fue el trampolín para profundizar en lo que llevaría a la mujer a su conversión. Pero todo ello supuso un diálogo y una enseñanza. Esta clase docente a la samaritana no fue una excepción, Marta y María, hermanas de Lázaro, fueron dos auténticas alumnas de Jesús. Conocida es por todo lector de la Biblia la escena donde Marta reprocha a María que ésta se sentara "a los pies de Jesús" para oír su palabra "dejándola servir sola" (Lucas 10:39-40). Es digno de observación el hecho de que María estuviera "sentada a los pies de Jesús", pues esa era la disposición entre maestro y alumnos. El maestro enseñaba sentado mientras los discípulos escuchaban a los pies del maestro. Pero, aunque implícitamente, el hecho más elocuente son aquellas situaciones en las que Jesús enseñaba privadamente a sus discípulos y entre esos discípulos se hallaba un grupo no pequeño de mujeres: "Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena... Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes" (Lucas 8:1-3). Jesús no sólo hablaba con las mujeres, sino que se sentó con ellas para adoctrinarlas. ¿Y para qué se adoctrina a una persona, sino para convertirla en discípula y ulteriormente en maestra? ¿Y para qué formamos maestros sino para que enseñen? ¿Cometió algún crimen la mujer samaritana por "enseñar" a sus paisanos lo que Jesús le había enseñado a ella? ¿Prohibió Jesús a las mujeres que le seguían que enseñaran a otros sus parábolas o sus enseñanzas?

Jesús comisionó a la mujer

El concepto que la tradición judía atribuía a la mujer era sumamente bajo. De Génesis 18:15 se deducía que la mujer era por naturaleza mentirosa, de aquí que su testimonio careciera de valor alguno. Se aceptaba su testimonio sólo en algunos casos concretos excepcionales y en los mismos casos en que se aceptaba también el de un esclavo pagano; por ejemplo, para volver a casarse una viuda bastaba el testimonio de una mujer acerca del fallecimiento del primer marido.[19]1 Como simple dato informativo, pero de gran significado, es el hecho de que ni en el Antiguo Testamento ni en la Misná se conoce la forma femenina de los adjetivos "piadoso", "justo" y "santo".[20] Se dice, como algo evidente, que Jesús no eligió entre los doce apóstoles a ninguna mujer, y es cierto; pero se olvida que los primeros "apóstoles" comisionados para anunciar su resurrección fueron mujeres, entre ellas María Magdalena (apóstol, en griego significa "enviado"). Y esta realidad debemos evaluarla a la luz del contexto social y religioso expuesto más arriba.

Jesús esperó el discipulado de la mujer

Sin duda alguna, la sociedad en la que nació la iglesia no esperaba nada de la mujer; pero Jesús sí esperaba de ellas mucho. Todas las referencias que Jesús hizo acerca de la mujer, o especialmente de algunas mujeres, por activa o por pasiva, se constituye en un reto para los varones y especialmente para la iglesia del siglo XXI. El simple hecho de que Jesús aceptara el seguimiento y la ayuda de un grupo de mujeres en sus viajes por Galilea, es una evidencia del reconocimiento que mostró hacia ellas como personas, hacia su trabajo y su liberalidad. Un discipulado activo fue el que debieron entender aquellas mujeres adjuntas al grupo que se reunía en el aposento alto, mientras esperaban en oración la venida del Espíritu Santo. En aquel aposento alto "Todos éstos -los apóstoles- perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos" (Hechos 1:14). Si el "todos unánimes" de Hechos 2:1 se refiere a todos cuantos componían el grupo de Hechos 1:14, entonces también a las mujeres les fue dado el don de hablar en otras lenguas y hablar las maravillas de Dios. Según el sermón de Pedro, también las mujeres vinieron a ser receptoras de dicho don, pues escrito estaba: "Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán" (Hechos 2:16-17) ¡Vuestras hijas profetizarán!

[1] Para el concepto "fundamentalismo" ver ¡Restauromanía...? nº 1

[2] Jerusalén en tiempos de Jesús, Joaquín Jeremías, Ediciones Cristiandad, 1980, p.379

[3] Jerusalén en tiempos de Jesús, Joaquín Jeremías, Ediciones Cristiandad, 1980, pags. 379-380

[4] Joaquín Jeremías, Jerusalén en tiempos de Jesús, Ediciones Cristiandad, 1980, p.320

[5] Johannes Leipoldt y Walter Grundmann, El Mundo del Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad, 1971, p.191

[6] Joaquín Jeremías, Jerusalén en tiempos de Jesús, Ediciones Cristiandad, 1980, p.379

[7] Joan Miquel, Lecciones de Derecho Romano", (Promociones Publicaciones Universitarias. 1984), p. 36.

[8] Roger Hanoune / John Scheid, Nuestros antepasados los romanos, Ediciones de bolsillo CLAVES, p. 49

[9] Vestimenta." Enciclopedia® Microsoft® Encarta 2001. © 1993-2000 Microsoft Corporation.

[10] "Jerusalén en tiempos de Jesús", Joaquín Jeremías, Ediciones Cristiandad, 1980, p.371

[11] El Mundo del Nuevo Testamento, Johannes Leipoldt y Walter Grundmann, pág. 192 (Ediciones Cristiandad).

[12] Clarke´s Comentary, Vol. VI, p. 279. Abingdon Press. New York/Nashville

[13]l Clarke´s Comentary, Vol. VI, p. 250. Abingdon Press. New York/Nashville

[14] Obviamente, de la única manera que se podía obtener: comprándola o recibiéndola como un don por parte del amo.

[15] Publicada en Millennial Harbinger Third Series Bethany, VA. January, 1845. no. I. (http://www.mun.ca/rels/restmov/texts/tcampbell/mh/ETCVOS.HTM)

[16] Joaquin Jeremías. Jerusalén en Tiempos de Jesús Ediciones Cristiandad. 1980. p. 372

[17] Joaquin Jeremías. Jerusalén en Tiempos de Jesús Ediciones Cristiandad. 1980. p. 372

[18] El Mundo del Nuevo Testamento, Johannes Leipoldt y Walter Grundmann, Ediciones Cristiandad, 1971, p.191

[19] Jerusalén en tiempos de Jesús, Joaquín Jeremías, Cristiandad, 1980, p.386

[20] El Mundo del Nuevo Testamento, Johannes Leipoldt y Walter Grundmann, Ediciones Cristiandad, 1971, p.197