| 12 Julio 2009
LA DISCRIMINACIÓN DE LA MUJER EN LA IGLESIA
¿DE DIOS O DE LOS HOMBRES? (II)
FUNDAMENTOS DE LA DISCRIMINACIÓN INSTITUCIONALIZADA DE LA MUJER EN LA BIBLIA
Por ello, creemos de vital importancia las observaciones pertinentes de las instituciones sociales en general, pero más particularmente de las enumeradas, para entender en su contexto el papel de la mujer en la sociedad que hallamos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Porque en el seno de estas instituciones nació la iglesia, y en el contexto de ellas tienen sentido las admoniciones referentes a la mujer que hallamos en el texto bíblico. Así pues, hacemos un repaso al modelo familiar patriarcal (además de una referencia al modelo matriarcal, posiblemente el más arcaico), así como a la poliginia, a la monogamia, al parentesco en las uniones matrimoniales, a la institución del repudio y otras instituciones de menor importancia, donde queda reflejado el papel de la mujer.
I LA POLIGINIA
Etimológicamente, poligamia (polis=muchos, gameo=casarse) significa simplemente muchas uniones. Puede significar indistintamente que el marido tiene una pluralidad de esposas o que la esposa tiene una pluralidad de maridos a la vez. Sin embargo, para esto último se emplea exclusivamente el término poliandria (una mujer con varios maridos), mientras que la voz poliginia es la que designa la unión del hombre con una pluralidad de esposas (no obstante, se usa comúnmente el término “poligamia” para designar a esta última). Según algunas informaciones antropológicas, la práctica de la poliginia se debe a la desproporción existente entre hombres y mujeres. Las causas de esta desproporción pueden ser diversas. Por un lado, demográficamente nacen más mujeres que hombres; por otro, las bajas de los hombres en los enfrentamientos bélicos son más numerosas que las de las mujeres. La poliginia, pues, vendría a ser una solución socio-familiar. Otros informes parecen más proclives a ver esta institución como el resultado de factores sociales más complejos sin desestimar aquellos.
En el pueblo judío, la poliginia fue una institución heredada de sus antepasados. Este fue el modelo familiar de Abrahán (Genesis 25:6 ) y el de Jacob [éste tuvo dos mujeres, Lea y Raquel, primas hermanas suyas, y dos concubinas, Bilha y Zilpa (Genesis 29:20-29 ; Genesis 30:1-12 ; Genesis 35:22-26 )]. Si bien luego, los estatutos del Sinaí prohibió casarse con dos hermanas a la vez (Levitico 18:18 ). Es interesante observar la actitud de Lea y de Raquel: estas mujeres dieron sus criadas a Jacob, su marido, para que le dieran hijos. Esta anécdota expresa el concepto de propiedad que el amo tenía sobre los hijos de los esclavos.[1] También Gedeón, uno de los personajes más prominentes del período de los Jueces, tuvo "muchas mujeres" (Jueces 8:30 ). Lo mismo ocurrió con David, un hombre "según el corazón de Dios" (2 Samuel 5:13 ). Tanto en el período pre-mosaico como en el mosaico, especialmente en este último, la poliginia se regula: el hombre que adquiría más de una mujer, tenía obligación de alimentarlas, vestirlas y cumplir el deber conyugal con todas iguales (Exodo 21:10 ). Sin embargo, con el abandono de la vida seminómada y el desarrollo de una sociedad más urbana, así como el coste que suponía mantener un harén de mujeres, la poliginia se fue reduciendo a los terratenientes y a los monarcas (ver 1 Reyes 11:3 ).
Según la lógica implícita en el texto bíblico, las primeras generaciones fueron el fruto de relaciones sexuales entre hermanos: "Fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas... Conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc" (Genesis 5:4 ; Genesis 4:17 ). ¿Quién podía ser la mujer de Caín sino una hermana suya? El autor del texto de Génesis es sumamente parco y ni siquiera se detiene a explicar cómo y dónde encontró Caín a "esa" mujer. Tampoco era ése el propósito del autor. Esto significaría que el "incesto" es un concepto de desarrollo cultural, ético y psicológico progresivo en la historia del hombre.
Las investigaciones antropológicas ofrecen testimonios de tipos familiares compatibles con aquel que implica el origen de la humanidad que presenta la Biblia. Tipos familiares donde los hijos y las hijas de una misma generación son maridos y mujeres entre sí. Existía este tipo de relaciones entre los kaviatos del estrecho de Behring, los kadiacos de cerca de Alaska y los tinnehs, en el interior de la América del Norte británica[2]. Letourneau, un estudioso del tema, ha reunido numerosos hechos idénticos entre los indios chippewas, los cucús de Chile y los karens de la Indochina. Julio César dijo acerca de los británicos -que se hallaban por aquel entonces en el estadio medio de la barbarie- que "cada diez o doce hombres tienen mujeres comunes con la particularidad de que en la mayoría de los casos son hermanos y hermanas y padres e hijos"[3]. En Egipto, los faraones solían casarse con una hermana "para salvaguardar la sangre divina real". En Atenas, según las leyes de Solón, estaba autorizado el matrimonio entre hermanos de un mismo padre pero de distinta madre (como ya hemos visto, esta costumbre la encontramos también en la Biblia).
Engels, en el libro que estoy citando, da testimonio de un tipo de familia compuesto por ciertos individuos de grados más o menos lejanos de parentesco que tenían en matrimonio común (matrimonio por grupo) cierto número de mujeres con exclusión de sus propias hermanas, y esas mujeres se llamaban entre sí "punalúas", que quiere decir "compañero íntimo". Esta forma de familia explica los grados de parentesco, tal como expresa el sistema indio americano: los hijos de la hermana de mi madre son también hijos de ésta; como los hijos de los hermanos de mi padre lo son también de éste; y todos ellos son hermanos y hermanas míos. Lorimer Fison, misionero inglés, estudió este tipo de familia en su propio marco, Australia. Entre los negros australianos del monte Gambier, en el sur de Australia, la tribu entera se divide en dos grandes clases: los Krokis y los Kumites. Está determinadamente prohibido el comercio sexual en el seno de cada una de estas dos clases; en cambio, todo hombre de una de ellas es marido nato de toda mujer de la otra, y recíprocamente. No son los individuos, sino los grupos los que están casados unos con otros. Como es fácil de adivinar, en estos tipos de familia no se conoce la paternidad de los hijos, pero sí la maternidad. Es decir, la familia por grupo conoce a la madre de cada prole, pero no sabe quién es el padre.
El autor del libro de Génesis intenta anticipar la monogamia como el modelo ideal: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne". (Genesis 2:24 ). Jesús se remitió a este texto cuando defendió la indisolubilidad del matrimonio: "El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?" (Mateo 19:4-8 ). Ahora bien, ni el autor del Génesis ni Jesús estaban desmintiendo la existencia de diferentes modelos sociales y familiares a lo largo de la historia del hombre; tampoco tenían el propósito de desarrollar una lección de antropología.
Según Bachofen[4], la evolución de la familia hasta llegar a la monogamia se realizó esencialmente gracias a las mujeres. "Este proceso no podía salir del hombre por la sencilla razón, sin buscar otra -dice este autor-, de que nunca le ha pasado por la cabeza al varón la idea de renunciar a los incentivos sensuales que ofrece otros modelos familiares". La monogamia estricta parece que llegó a Grecia varios siglos antes que al pueblo de la Biblia. Pero donde quiera que llegó, fue sistemáticamente sólo para la mujer: al hombre se le otorgaba el derecho de infidelidad conyugal, sancionado, al menos, por la costumbre. Hasta muy cerca de nosotros en el tiempo, el Código de Napoleón se lo concedía expresamente al hombre, ¡mientras no tuviera la concubina en el domicilio conyugal! Es muy interesante observar que en Israel existía un ritual para delatar la posible infidelidad de la mujer, pero no existía ninguno para delatar al hombre ante la misma sospecha… ¡del hombre simplemente nunca se sospechaba! (Numeros 5:11-31 ).
Moralmente hablando no existe ninguna diferencia entre la poliginia y la poliandria. No obstante, es psicológica y culturalmente inadmisible ubicar un tipo familiar poliándrico en el marco social, cultural y religioso de la Biblia. ¿Por qué?
En el Nuevo Testamento se confirma la monogamia, según uno de los requisitos que debía reunir el candidato a “presbítero” (anciano o pastor) en la iglesia (1 Timoteo 3:2 ;Tito 1:6 ) y también el “diácono” (1 Timoteo 3:12 ).
En cuanto al grado de parentesco en el matrimonio, tanto en la época de los patriarcas como en la época de la monarquía, parece ser que era bien visto entre consanguíneos bastante próximos. Abrahán mismo estaba casado con una media hermana (Genesis20:12). Isaac se casó con Rebeca, que era hija de un primo hermano suyo, Betuel (Genesis24:15, 67). Jacob se casó con Lea y Raquel, ambas sobrinas de su propia madre y, por tanto, primas carnales suyas (Genesis 29:16 , 23, 30). En la primera época de la monarquía aún era aceptable el matrimonio entre hermanastros, hijos del mismo padre pero de distinta madre (2 Samuel 13:2 , 12-13), aun cuando la Ley ya prohibía este tipo de relaciones (Levitico 20:17 ).
II MATRIARCADO Y PATRIARCADO
Definiciones
Una sociedad es matriarcal cuando la descendencia es matrilineal (es decir, los hijos pertenecen al grupo de la madre), el matrimonio es matrilocal (es decir, el marido se traslada a casa de su mujer), la autoridad sobre los hijos es ejercida por los parientes de la madre y la herencia y la sucesión se trasmiten por línea femenina.
Una sociedad es patriarcal cuando la descendencia es patrilineal (es decir, los hijos pertenecen al grupo del padre), el matrimonio es patrilocal (es decir, la mujer se traslada al grupo local del marido), la herencia de la propiedad y la sucesión del rango se trasmiten por línea masculina y la familia se rige por el sistema de la patria potestad del marido (es decir, que la autoridad sobre todos los miembros de la misma familia es ejercida por el padre o sus parientes).
No obstante, los términos en sí mismos son relativos, porque la mayoría de las veces los aspectos que lo definen están mezclados.[5]
El matriarcado
Una de las ideas erróneas que trasmitió la época de la Ilustración del siglo XVIII fue la opinión de que en el origen de la sociedad la mujer era esclava del hombre. Sin embargo, entre los salvajes y en todas las tribus que se encuentran en los estadios inferior, medio y, en parte, hasta superior de la barbarie, la mujer no sólo es libre, sino que también está muy considerada. Existe una amplia bibliografía de estudios antropológicos que recogen abundantes evidencias acerca de las sociedades matriarcales en Sudamérica, Norteamérica, Europa y África.[6] Aun hoy, en algunos países, quedan rastros de aquel matriarcado.
Arthur Wright, misionero entre los iroqueses-senekas, atestiguaba cuál era aún esta situación de la mujer en el modelo de familia matriarcal. Dice Wright:
"Habitualmente las mujeres gobernaban en la casa; las provisiones eran comunes, pero ¡desdichado del pobre marido o amante que fuera demasiado holgazán o torpe para aportar su parte al fondo de provisiones de la comunidad!.. las mujeres constituían una gran fuerza dentro de los clanes, lo mismo que en todas partes. Llegado el caso, no vacilaban en destituir a un jefe y rebajarle a simple guerrero".
Mª Jesús Buxó Rey, autora del libro "Antropología de la mujer", dice que "algunos autores evolucionistas han considerado la existencia de una etapa primigenia de superioridad social de la mujer". Sin embargo, sigue diciendo esta autora, "esta superioridad parece estar más relacionada con el reconocimiento de la filiación por línea femenina que por una superioridad política y económica real sobre el hombre. Esta superioridad social de la mujer “se apoyó en la idea de la existencia del matriarcado en el cual la mujer no sólo gobernaba la familia, sino también el equivalente primitivo del Estado".[7] Robert Graves, en "Los Mitos Griegos", confirma la existencia del matriarcado y dice que "la transición del matriarcado al patriarcado parece haberse realizado en la Mesopotamia, como en otras partes, mediante la rebelión del consorte de la reina, en quien había delegado el poder ejecutivo permitiéndole que adoptase su nombre, sus vestiduras y sus instrumentos sagrados".[8] Graves explica que durante el matriarcado "el rey, como consorte de la reina, tenía el privilegio de representarla en las ceremonias y los sacrificios, pero sólo si se ponía las ropas de ella". Sigue diciendo que "Reveillout ha demostrado que éste era el sistema que se seguía en Lagash en la época sumeria primitiva, y en varias obras de arte cretense aparecen hombres que llevan vestimentas femeninas con propósitos sacrificiales...". Y concluye este autor diciendo que "la esclavitud de Heracles se explica por las costumbres matriarcales de los nativos del África Occidental: en Loango, Daura y los Abrons, como ha señalado Briaffault, el rey es de origen servil y carece de poder; en Agonna, Latuka, Ubemba y otras partes sólo hay una reina, la cual no se casa, sino que toma amantes serviles".[9]
Una característica común en la sociedad matriarcal fue la gran consideración que gozaba la mujer como individuo social. Independientemente de cuál era su papel profesional -que no siempre ni en todo lugar fue sexuaddo-, su participación en el colectivo era siempre activa en igualdad con el hombre.
El primer cambio que se produjo en el modelo familiar polígamo, aparte del sexual, fue que el hombre pasó a ser el punto de referencia para establecer el árbol genealógico familiar. Este cambio produjo el derrocamiento del derecho materno existente cuando la descendencia se contemplaba desde la línea materna. Este derrocamiento del derecho materno -dice Engels- fue "la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo"[10]. El primer efecto del poder exclusivo del hombre lo encontramos en la forma intermedia de la familia patriarcal. Lo que caracteriza, sobre todo, a esta familia no es la poliginia en sí, sino la "organización de cierto número de individuos, libres y no libres, en una familia sometida al poder paterno", en cuyo sometimiento se encuentra la misma esposa o esposas. Este es el modelo familiar que hallamos en la Biblia. En este modelo familiar el hombre empuñó también las riendas de la casa; la mujer se vio degradada, convertida en una sierva y en un simple instrumento de reproducción. Parece ser que en la poliandria, el hombre no fue tan subestimado ni discriminado como llegó a serlo la mujer en la poliginia.
La sociedad que hallamos en la Biblia es de signo patriarcal. La frase "casa del padre", y el hecho de que las genealogías se establecieran mediante la línea paterna, indica suficientemente que el hombre es el punto de referencia social y legal del árbol genealógico de la familia hebrea (Rut 4:18-22; etc.). En los albores del pueblo judío, la familia hebrea la constituía cuantos estaban ligados por un parentesco de sangre y por la común habitación; así la casa o familia la formaba también los esclavos, las concubinas del jefe de la familia y los hijos con sus mujeres que vivían bajo la autoridad del padre (Genesis 14:14-16 ). La autoridad del jefe de la familia estaba en relación directa con el aislamiento que mantenía el clan frente a los extraños, particularmente en la vida nómada. Recordemos el caudillaje que protagonizó Abrahán cuando fue a rescatar a su pariente (Genesis 14:14-16 ).
El cambio político, jurídico y social que introdujo la instauración de la monarquía hebrea contribuyó a suavizar los poderes absolutos que gozaban los jefes de familia los cuales se constituían en árbitro de vida y muerte de sus subordinados. Basta observar la autoridad de la cual gozaba Judá (Genesis 38:24 ; ver también Jueces 11:37-39 ). La instauración de la monarquía y la centralización de poderes en manos del Estado hizo desaparecer el hermetismo de los clanes y la administración de la justicia dejó de ser un asunto familiar para pasar a incumbencia del rey (2 Samuel 15:2-4 ). La autoridad del padre se extendía a la elección del cónyuge de los hijos o, al menos, el permiso previo paterno (Genesis 24:1-4 ).
El cristianismo, a pesar suyo, se constituyó en vehículo transmisor de esta cultura, especialmente en sus connotaciones patriarcales. Tal ha sido la influencia cultural de la Biblia en la historia occidental de los últimos dos mil años que incluso hombres de prestigio intelectual no pudieron liberarse de los prejuicios acerca de la discriminación de la mujer latente en dicha cultura. Rousseau, a quien se le considera el padre de la revolución francesa y pregonero de la libertad, dice acerca de la mujer en "El Emilio"
"Una sabihonda es una molestia para su marido, para sus hijos, sus amigos y sus criados; para todo el mundo... Si la mujer tiene talento, su ostentación la degrada; su honor consiste en preservarse, y toda su gloria habrá de ser el respeto al marido; y su única alegría la felicidad de la familia".[11]
Charles Darwin, el padre de la teoría de la evolución, no pudo liberarse de los prejuicios de su época respecto a las diferencias “científicas” entre el varón y la mujer:
"La diferencia fundamental entre las facultades intelectuales de ambos sexos resulta sobradamente probada por los resultados obtenidos, siempre superiores en el hombre que en la mujer, sea cual sea la dedicación de que se trate, ya se requiera sagacidad, razón, imaginación, o el mero uso de los sentidos y las manos".[12]
Sin embargo, trabajos recientes comparativos entre el varón y la mujer vienen a reconocer que lo mismo que el hombre supera en algunas facetas a la mujer, ocurre lo contrario también. Mª Jesús Buxó dice que "de la misma manera que las mujeres sobresalen en las habilidades verbales, los varones son superiores en las habilidades relativas a la percepción visual y espacial. Los niños tienen más desórdenes en el habla que las niñas en proporción de 2:1. Asimismo, las incidencias de dislexia son cuatro veces mayores en los niños que en las niñas".[13]
Pero no sólo mentes privilegiadas como las anteriores estaban influenciadas por los conceptos arbitrarios acerca de la mujer, sino también en el campo religioso, tales como Tertuliano o Santo Tomás de Aquino; un prestigioso apologista cristiano, el primero, y un doctor de la Iglesia, el segundo. Tertuliano decía a la mujer: "...deberías llevar siempre luto, ir cubierta de harapos y abismarte en la penitencia, a fin de redimir la culpa de haber sido la perdición del género humano... Mujer, eres la puerta del diablo" (Corpus Ch. Serie Latina, I, 343). Santo Tomás de Aquino no se quedó corto: "Fue precisa la creación de la mujer, como dice la Sagrada Escritura, para ayudar al varón, no en otra obra cualquiera, como algunos sostuvieron, puesto que para otras obras podían prestarle mejor ayuda los otros varones, sino para ayuda de la generación... Considerada en relación con la naturaleza particular, la mujer es algo imperfecto y ocasional, ya que la virtud activa, que reside en el varón, tiende a producir algo perfecto semejante a sí mismo en el género masculino. Y el que nazca mujer se debe a la debilidad de la virtud activa, o bien a la mala disposición de la materia, o también a algún cambio producido por un agente extrínseco, como por ejemplo los vientos astrales" (Suma Teológica, q. 92). "Los varones sólo podemos ser tentados por el diablo mediante aquella parte animal de la que es símbolo la mujer" (Suma Teológica, 2,2 q. 165). "la sobriedad es sumamente necesaria en los jóvenes y en las mujeres, ya que en los primeros la concupiscencia se exalta con la edad, y en las segundas no hay sensatez para resistirla" (Suma Teológica 2,2 q. 149).
Pero los prejuicios culturales llegaron a su cota máxima con las consignas nazis para quienes el lugar de la mujer en la sociedad y en la familia la definieron con las tres "K": Kinder, Küche, Kirche (Hijos, Cocina e Iglesia). Sin embargo, la influencia de esta misoginia cultural no es una exclusiva del judaísmo según la norteamericana Tama Starr, licenciada en Religión Comparada en la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien recopiló durante veinte años setecientas frases de personajes célebres masculino y de la sabiduría popular respecto a la mujer. A través de su recorrido histórico por los libros y las fuentes religiosas, Tama Starr descubrió el estado de denigración que han sufrido las mujeres a lo largo de los años. Su libro "In her master´s voice" (Penguin), editado en Gran Bretaña el año 1992, puede catalogarse -dice Luís F. Fidalgo[14]- como el primer compendio sobre la teoría de la inferioridad femenina.
III SITUACIÓN DISCRIMINATORIA DE LA MUJER EN EL PUEBLO DE LA BIBLIA
Situación general de la mujer
La situación de la mujer en el patriarcado judío, aun en el tiempo de Jesús, era prácticamente la misma que en todo el Medio Oriente: la mujer no participaba de la vida pública. Su formación se limitaba al aprendizaje de las tareas del hogar, coser, tejer, lavar, cocinar, criar a los niños, atender al marido... Desde un punto de vista jurídico, la esposa se distinguía de una esclava en dos cosas: a) La esposa no perdía el derecho de poseer los bienes que había traído al casarse (aunque no podía disponer de ellos) y b) En el contrato matrimonial era ella quien fijaba la suma que había que pagarle en caso de ser repudiada.[15] Normalmente, la desposada, todavía muy joven, iba a vivir con la familia del esposo, lo cual significaba para la joven esposa soportar el penoso deber de convivir en una comunidad familiar que le era extraña y, a veces, con sentimientos hostiles de parte de la madre, de las hermanas y de las concubinas del propio esposo.[16] En cuanto que la actividad principal de la mujer hebrea estaba restringida a la casa, sus funciones eran la de madre y esposa; este último papel compartido en muchos casos con otras mujeres comunes del marido en calidad de concubinas. El hogar era prácticamente el único marco donde la mujer era valorada. La mujer era amparada en su papel de madre y halagada en su papel de esposa (Éxodo 20:12; Proverbios 31:10-31 ). Sin embargo, era subestimada en caso de esterilidad (1 Samuel 1:2-6 ; Lucas 1:25 ).
Como hemos apuntado más arriba, la mujer podía ser repudiada por el marido con las garantías mínimas basada en la propia Ley (Deuteronomio 24:1 ). Bajo la tutela del varón, el padre o el marido podían validar o invalidar el voto de la hija o de la esposa respectivamente (Numeros 30 ). La mujer sólo tenía derecho de herencia cuando no hubiera un varón descendiente del fallecido (Numeros 27:1-4 , 6-8). La mujer tampoco solía computar en el número de personas que un grupo debía reunir para formar una sinagoga (un mínimo de diez varones); esto tiene coherencia con el hecho de que en la sala propiamente dicha de reunión sólo tenían acceso los hombres. Su reclusión en el hogar llegó a ser una expresión de inferioridad respecto al varón; la mujer no necesitaba ninguna instrucción intelectual, ya fuera laica o religiosa. Las afirmaciones de algunos rabinos hacen patente la condición de la mujer en Israel: "Mejor fuera que desapareciera en las llamas la Torá antes que le fuera entregada a las mujeres".[17] La parcialidad jurídica hacia la mujer, en los tiempos de Jesús, se puede apreciar en el caso de acusación de adulterio que relata el evangelista. Detuvieron a la mujer supuestamente sorprendida en el acto mismo del adulterio, pero dejaron libre al hombre, que también era convicto por la misma ley en el mismo delito (Juan 8:1-11 ; Levitico 20:10 ). No obstante, hubo mujeres que tuvieron un protagonismo de liderazgo en la historia del pueblo de Israel; pero se debió más por su valía personal que por el estatus social que la sociedad les daba (Jueces 4 y 5)
5) Situación de la mujer en estado de viudez
Cuando la mujer quedaba viuda, la autoridad paterna pasaba al primogénito. Si no tenía hijos, debía esperar a que algún pariente quisiera cumplir con ella la ley del levirato; es decir, la tomara por esposa (Deuteronomio 25:5-10 ). La viuda sin hijos y sin pariente que ejerciera con ella esta ley, quedaba en el mínimo amparo social previsto en la ley (Deuteronomio 14:15 ). La iglesia primitiva fue sensible también de esta orfandad: "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones..." (Santiago 1:27 ).
Situación religiosa de la mujer
En principio, la exclusión de la mujer en el sacerdocio instituido por Moisés viene motivada por dos causas poderosas: a) el patriarcado, y b) las leyes levíticas de la impureza.
a) Por causa del patriarcado.
Como se podía esperar en una sociedad de signo patriarcal, la mujer estaba excluida de cualquier representación religiosa. En la época patriarcal, como precedente a cualquier sacerdocio instituido y organizado, encontramos con las mismas funciones un sacerdocio no institucionalizado de carácter familiar representado siempre por el jefe de la familia: un varón. Noé, Abrahán, Isaac y Jacob ofrecieron sacrificios o levantaron un altar a Dios en determinados momentos de su vida, atribución del sacerdote una vez instituido dicho sacerdocio (Genesis 8:20 ; Genesis 12:8 ; Genesis 26:25 ; Genesis 33:20 ).
Aparte de esta representación religiosa no instituida (y del sacerdocio pagano), en el Antiguo Testamento podemos enumerar dos tipos de sacerdocios: a) sacerdocio pre-mosaico y b) sacerdocio mosaico. En ambos sacerdocios son varones sus representantes.
EL SACERDOCIO PRE-MOSAICO
Sacerdocio de Melquisedec.
Las únicas referencias bíblicas de las cuales disponemos de este misterioso personaje son las halladas en Genesis 14:17-24 y en la carta a los Hebreos 5:10 ; 6:20; 7:17, 21. El primer texto se refiere al encuentro que tuvo Abrahán con Melquisedec cuando regresaba de liberar a su sobrino Lot, y a quien entregó el diezmo de todo el botín; el segundo se refiere a este sacerdocio de Melquisedec como sombra del sacerdocio de Cristo. Históricamente, Melquisedec era "rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo" (Genesis14:18).
Sacerdocio madianita.
Madián era una región ubicada al norte del desierto de Arabia, próximo al golfo de Ákaba. Su nombre le venía de la tribu que habitaba allí y ésta surgió de un hijo de Abrahán con Cetura (Genesis 25:1-2 , 5-6). Ciertamente, no podemos considerarlo como un sacerdocio organizado, pero sabemos que Jetro, suegro de Moisés, era ya "sacerdote de Madián" en una época anterior a la institución del sacerdocio aarónico. Durante el encuentro de Moisés con Jetro, tras la liberación del yugo egipcio, éste ofreció sacrificios a Jehová en el cual participaron tanto Moisés como los ancianos de Israel (Éxodo 18:1, 12).
EL SACERDOCIO MOSAICO.
Este sacerdocio fue instituido por Moisés del cual su hermano Aarón y los hijos de éste fueron los máximos representantes. Es más, los futuros sacerdotes debían pertenecer a la familia de Aarón. La forma en que fue instituido, y el tipo de sucesión, hacía que fuese por necesidad un sacerdocio, primero, clasista y, en último lugar, también sexista (Éxodo 28). Obviamente, "sus descendencia después de él" se refiere a los varones, pues las hembras no contaban en la descendencia. Basta echar una ojeada a las listas genealógicas para comprobar que las generaciones se contaban por línea masculina siempre (ver Mateo 1:1-17 y Lucas 3:23-38 ).
b) Por causa de las leyes levíticas de la impureza.
Las leyes levíticas sobre la impureza restringía el oficio del sacerdote en los servicios sagrados del tabernáculo y, después, del templo (Levitico 21-22 ); y la mujer, por su propia fisiología, y por causa de su maternidad, se hallaba periódicamente en condición de impureza (Levitico 15:19-33 ; 12:1-8). Estas dos situaciones, impuestas por el patriarcado y las leyes de impureza, hacía de las mujeres candidatas nulas al sacerdocio.
Patria potestad absoluta (tutelaje perpetuo de la mujer)
La patria potestad absoluta que hallamos en la Biblia correspondía a la patria potestad del mismo signo del Derecho Romano y de todo Medio Oriente. Y esta institución, casi universal en la antigüedad, vertebra en la literatura bíblica toda la significación de la mujer. La ley del Sinaí reconoció y legitimó esta potestad absoluta del padre sobre los hijos (Deuteronomio 21:18-21 ). La legislación mosaica otorgaba al padre el poder de quitar la vida al hijo que le maldecía (Levitico 20:9) y en caso de necesidad incluso podía venderle como esclavo (Éxodo 21:7 ; ver también Nehemías 5:1-5). Esta autoridad le otorgaba al padre determinar cuándo y con quién se habrían de casar tanto sus hijos como sus hijas, lo cual venía determinado por la riqueza, la posición social y el linaje del futuro cónyuge. El padre se reservaba el derecho de formular el casamiento de los hijos desde la tierna infancia de éstos, pues después de los doce años y medio, en el tiempo del Nuevo Testamento, éstos tenían facultad para rechazar al pretendiente.[18]
En este contexto de la patria potestad absoluta, el tutelaje de la mujer bajo la autoridad del varón, ya fuera el padre o después, casada, el marido, hacía de ella una persona en “minoría de edad” perpetua (Numeros 30 ). En situación de esclavitud, la mujer incluso podía ser entregada al varón para que éste copulara con ella y así engendrar hijos para sus amas (Genesis30:1-12).
Esta patria potestad absoluta, y este tutelaje perpetuo de la mujer bajo la autoridad del varón, es el contexto de la recomendación del apóstol Pablo a los padres de la iglesia en Corinto, respecto el casamiento de sus hijas (1 Corintios 7:36-38 ).
Matrimonio y repudio
Cuando hablamos del “divorcio” que hallamos en la Biblia (tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento), debemos puntualizar que este divorcio, salvo muy raras excepciones, consistía en el unilateral deseo expreso del varón: éste, por los motivos que la ley le amparaba, podía repudiar a la mujer; es decir, podía expulsarla de la casa siguiendo las normas legales de la época.
Los precedentes de las instituciones del matrimonio y del divorcio que hallamos en la Biblia debemos buscarlos en la cultura de donde procedían los patriarcas: Mesopotamia. Cualquiera que hubieran sido dichos precedentes jurídicos, la relatividad que debió tener el vínculo del matrimonio en el pueblo israelita, antes de la constitución sinaítica, queda evidente por la ley que reguló el “repudio”, la cual reza así:
"Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa" (Deuteronomio 24:1-4 ).
Esta formulación dejaba una laguna jurídica que sólo favorecía al varón, quien se reservaba el derecho de la iniciativa. No obstante, dicha regulación debió poner un freno a la arbitrariedad del hombre a la vez que defendía los hasta entonces escasos derechos de la mujer. Tiempo después, en los días del Nuevo Testamento, la ambigüedad de dicha ley de “repudio” dio origen a dos escuelas de interpretación: la escuela de Sammay y la escuela de Hillel. Para Sammay lo "indecente" de Deuteronomio 24:1 era exclusivamente el adulterio. Hillel, por el contrario, llegaba a decir que era algo "indecente" incluso cuando la esposa había dejado que la comida se quemara. Posteriormente, el Rabí Aqiba llegó a afirmar que el marido descubría algo torpe en su mujer "si encontraba otra que fuera más hermosa que ella". En los días de Jesús no se cuestionaba la legitimidad del “repudio”, sino las causas que lo legitimaba (Mateo 19:1-9 ). Fuese cual fuese la interpretación de dicho texto, en la práctica otorgaba a la mujer la libertad y el derecho para casarse otra vez (Deuteronomio 24:1-2 ). Como algo excepcional, en los días de Jesús, a la mujer se le permitía pedir el divorcio sólo en tres casos tipificados: a) cuando el marido ejercía el oficio de recogedor de basura; b) cuando el marido era fundidor de cobre; y c) cuando el marido era curtidor de pieles. La mujer podía alegar: "Creía que lo podía soportar, pero ahora ya no puedo"[19].
Situación social y familiar de la mujer en el mundo greco-romano
La situación de la mujer en el mundo griego, en el tiempo del Nuevo Testamento, era similar a la situación que tenía la mujer dentro del judaísmo. La autoridad del padre o del marido, bajo la cual se hallaba la mujer hebrea, encontraba su parangón en el Derecho romano, bajo el cual la mujer que no estaba sometida al paterfamilias, ni bajo la autoridad del marido, necesitaba un tutor que, si bien no le correspondía cuidar de la persona de la mujer, ni de las gestiones de sus bienes, sí debía intervenir en su nombre en los procesos y en los negocios[20]
Sin embargo, en Roma, la mujer casada, aun cuando ocupaba un lugar secundario en la familia, dirigía la casa y no vivía recluida en un harén como las mujeres griegas y judías. La mujer romana salía de la casa, acompañada, y participaba, sentada, en las comidas de los hombres (algo impensable en la familia hebrea). También aparecía en la vida pública, especialmente en la celebración de ciertos cultos reservados a las mujeres casadas[21].
RESUMIENDO…
La historia del hombre es una compleja sucesión de acontecimientos individuales, familiares, sociales, psicológicos, políticos, religiosos, económicos, etc.
Desde un punto de vista social, cada uno de estos acontecimientos fueron el producto inexorable de la dialéctica de la Historia, donde el individuo es arrastrado por la inercia de dicha dialéctica. Cada acontecimiento fue el resultado de la síntesis que originaba las nuevas necesidades según el lugar geográfico, el tiempo en que vivió y los logros culturales que afectaban al grupo. Cualquier institución social, desde un punto de vista antropológico, está supeditada a la evolución de la sociedad que la instituyó y la reguló.
Desde un punto de vista familiar, cada evento fue una conquista de intereses tribales e individuales desembocando en formas que respondían a las nuevas situaciones de la colectividad.
Desde un punto de vista teológico, considerado desde la distancia del tiempo, todos los cambios sociales, familiares, etc. fueron –y son- un camino a recorrer a través del cual las distintas instituciones vinieron a confluir en un tipo socio-familiar consensuado por la ética que aportaba progresivamente la religión hebrea y posteriormente la cristiana.
Desde nuestra cultura, la poliginia no está bien vista y el incesto despierta nuestro estupor. Pero no ocurre lo mismo para quienes estuvieron sumergidos en este tipo de familia y de sociedad. Es una cuestión de principios desarrollados tanto psicológica como culturalmente en la historia del hombre. Pensemos por un momento en la opción que tomó Sara cuando ofreció su esclava Agar a Abrahán para procrear con ella (Genesis16:1-3) ¿Qué mujer de nuestra cultura haría lo mismo hoy a pesar de que Pedro presenta a Sara como prototipo de la esposa cristiana? (1 Pedro 3:6 ). ¿Cómo juzgaríamos hoy a Jacob, el cual se casó con dos mujeres que eran primas hermanas suyas (Lea y Raquel), las cuales eran hijas de la misma madre, y, además, tanto Jacob como ellas consintieron en que otras dos mujeres más, las siervas respectivas de ambas, compartieran el lecho conyugal para tener hijos legales (Genesis 29 y 30)? ¿Qué diferencia existe -en cuanto a instituciones socio-familiares se refiere- entre lo que hallamos en la historia del pueblo de la Biblia y lo que encontramos en la historia de otros pueblos? ¿Qué criterios hacen que estas instituciones halladas en la Biblia no sean abominables y las encontradas en la historia secular sí lo sean?
¿Qué significan, pues, estas instituciones socio-familiares que hallamos en la historia del hombre, tanto en las páginas de la Biblia como en la de otros libros?
Primero, que los modelos familiares y sociales, a lo largo de la historia, presentan un abanico de estructuras básicas diferenciadas. Es decir, modelos familiares distintos en donde el papel de la mujer es diferente también.
Segundo, que el hecho innegable (según el testimonio bíblico) de que las primeras familias de la raza humana se formaron mediante la unión de hermanos y parentescos muy próximos, concede un amplio marco compatible con las informaciones antropológicas en cuanto a los diferentes tipos familiares.
Tercero, que en los modelos familiares primitivos, en lugares muy diversos, el tipo de familia reunían características tanto matriarcales como patriarcales, y las primeras otorgaban un gran reconocimiento a la mujer.
Cuarto, que el modelo familiar y social que hallamos en la Biblia pertenece a una de las diferentes etapas de la historia de la Humanidad, pero no fue la única.
Quinto, que este marco social, familiar y cultural, ha de constituirse en el contexto necesario para cualquier exégesis del texto bíblico que afecte al papel social y, sobre todo, eclesial de la mujer.
Las admoniciones y prohibiciones que encontramos en el Nuevo Testamento respecto a la mujer, en clara discriminación respecto al varón, tiene como contexto las instituciones que hemos repasado en este artículo. Mantener vigentes dichas admoniciones implica, por coherencia, mantener también vigentes dichas instituciones.
¿Sería éste el propósito de Dios para todas las mujeres, en todo lugar, en todas las épocas y para siempre?
[1] Que es otra institución más de las muchas heredadas.
[2] Friedridch Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Ed. Planeta . p. 77.
[3] Friedridch Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Ed. Planeta P. .84-85.
[4] Profesor suizo, uno de los fundadores de la ciencia comparada del derecho (1815-1887).
[5] A.R.Radcliffe-Brown, Estructura y función de la sociedad primitiva, Ed. Península. p. 32.
[6] El lector puede hallar un resumen de las sociedades matrilineales en estos continentes, visitando: http://es.geocities.com/restauromania (y entrar en Estudios Bíblicos).
[7] Mª Jesús Buxó Rey, Antropología de la mujer, Ed. ANTHROPOS, p. 16.
[8] Robert Graves , Los mitos griegos, Ed.Alianza Editorial , Tomo I, p. 40.
[9] Robert Graves Los mitos griegos, Ed. Alianza Editorial , Tomo II, p. 210.
[10] Friedrich Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Ed. Planeta. p. 130.
[11] Mª Jesús Buxó Rey , Antropología del mujer", Ed. ANTHROPOS, p. 46.
[12] Mª Jesús Buxó Rey , Antropología del mujer", Ed. ANTHROPOS p. 50
[13] Mª Jesús Buxó Rey , Antropología del mujer", Ed. ANTHROPOS p. 50
[14] En su artículo "Cinco mil años de misoginia" periódico EL MUNDO 5-11-1992.
[15] Joachim Jeremías, Jerusalén en los tiempos de Jesús, Ediciones Cristiandad, 1980, 2ª Edición., p. 379
[16] Joachim Jeremías, Jerusalén en los tiempos de Jesús, Ediciones Cristiandad, 1980, 2ª Edición, p.379
[17] Johannes Leipoldt y Walter Grundmann, El Mundo del Nuevo Testamento, Ed. Cristiandad, 1971, p.191
[18] Joachim Jeremías, Jerusalén en los tiempos de Jesús, Ediciones Cristiandad, 1980, 2ª Edición., p. 374
[19] Joachim Jeremias, Jerusalén en tiempos de Jesús . Madrid, Ediciones Cristiandad, 1977, pág. 320.
[20] Joan Miquel, Lecciones de Derecho Romano", (Promociones Publicaciones Universitarias. 1984), p. 36.
[21] Roger Hanoune / John Scheid, Nuestros antepasados los romanos, Ediciones de bolsillo CLAVES, p. 49





