Escrito por ELospitao
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19 Julio 2010
Quienes están familiarizados con la literatura, en general, que produce el Movimiento de Restauración a través de folletos apologéticos, revistas, libros, boletines de iglesias locales, etc. habrán podido observar que uno de los términos con los cuales se refieren a cualquier iglesia o movimiento religioso, que no pertenezca a la “Iglesia de Cristo”, es el de “denominación”; mayormente usando el plural: “las denominaciones”, con cierto y no disimulado sentido despectivo. Este sentido despreciativo del término “denominaciones” es coherente con el convencimiento absoluto de que las iglesias adheridas al Movimiento de Restauración “son” las únicas y verdaderas iglesias de Cristo. Y, siguiendo con este absolutismo dogmático, las demás iglesias, movimientos, etc. que no aceptan todas las doctrinas y principios de nuestro Movimiento de Restauración de la misma manera y visión, obviamente, se autoexcluyen de ser iglesias auténticas del Señor Jesús. Y todo esto sin medias tintas. En esta clasificación no caben tonos grises, o es blanco o es negro. O están con nosotros, o están contra nosotros. Pero me temo que muchos llamados “denominacionales” podrán decirnos aquel dicho popular del refranero español: “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.
¿DENOMINACIONALISMO INTERNO?
El fenómeno de este “denominacionalismo”, lamentablemente, también ocurre, aunque de otra manera, aun dentro de las mismas iglesias que forman el Movimiento, dependiendo de si son “conservadoras” o “liberales”. Simulando una serie de círculos concéntricos, los “puros”, los “fieles” a la Escritura, los cristianos “auténticos”, son aquellos que estarían ubicados en el círculo del centro; la ortodoxia se relaja en la medida que se aleja de dicho centro; mientras más en la periferia se esté ubicado en dichos círculos concéntricos, más lejos se está de la verdad del evangelio.
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